TESTIMONIOS


Estos  testimonios  con la autorización de las diferentes pacientes que me consultaron y atendí  por sus problemas de vaginismo y o lo que se conoce por  "matrimonio no consumado". 


Diciembre 2018
Tengo 32 años y me casé hace 6. Aprendí que tenía que mantenerme virgen hasta el  
matrimonio y así me mantuve, también mi esposo aprendió lo mismo, y luego de dos años  
de novios nos casamos. Aunque creía firmemente en lo que decidía, de alguna forma  
siempre me hacía sentir muy insegura pensar y saber que mi primera vez iba a ser UN día  
específico a UNA hora específica, que todo el mundo lo iba a saber, que iba a ser un  
desastre (porque es lo que todos dicen al contar algo sobre su primera vez), y que aunque  
éramos dos personas que nos amábamos, no teníamos experiencia ni idea ni nada.. Ah y  
que además me iba a doler! Por todo esto, llegué a ese momento completamente insegura,  
nerviosa y miedosa, sin ningún tipo de excitación ni sensación de placer ni siquiera  
expectativa.. Él también estaba nervioso pero contrario a mí, completamente excitado.  
Llegamos a la habitación del hotel, y mientras yo me recostaba en la cama, él ya se había  
sacado toda la ropa y me había empezado a besar! La verdad es que hoy lo recordamos  
con gracia, pero yo seguía asustada y no dejaba de pensar en que me iba a doler. De  
hecho, mientras sólo me besaba e intentaba sacarme la ropa me puse a llorar asustadísima.  
En la cama y los dos desnudos, abrí las piernas y él intentó penetrarme, fue automático  
porque ni siquiera sabía qué tenía que pasar o sentir realmente. Y pasó lo que ya sabía que  
iba a pasar: me dolía. Sea lo que sea que él intentara hacer, sólo al acercarse mis piernas  
se ponían durísimas y a mí me dolía. Y todavía me acuerdo ese pensamiento que tuve ahí  
mismo: “no va a pasar, no va a entrar, me duele, no voy poder”. Parece como si me hubiera  
programado con esas palabras.   
Como los dos estábamos sin saber qué hacer, seguíamos intentando algo que no  
entendíamos tampoco. En la luna de miel, él compro un lubricante en la farmacia, y  
seguíamos intentado algo que para mí seguía siendo tan desconocido. Estaba bloqueada,  
no sabía qué tenía que hacer, nada.  
Volvimos del viaje y él obsesivo y ansioso como es, no dejaba de googlear información. Yo  
no quería hablar con nadie ni preguntar ni nada. Esos mismos días a la vuelta del viaje él ya  
le encontró nombre a lo que me pasaba: vaginismo. A mí me causaba gracia y aversión. Me  
pidió que leyera un blog español que había encontrado, que tenía información y testimonios,  
y también la cura, que consistía en relajación y el uso de dilatadores. Lo leí muy de a poco,  
porque me causaba mucha aversión y angustia, y apenas empezaba a leer empezaba  
también a llorar.  
Pasaron las semanas y los meses, y él me seguía insistiendo con la información y yo seguía  
intentando leer. Me propuso comprar los dilatadores y seguir el mismo tratamiento que la  
bloguera proponía. Nunca accedí.   
En ese mismo tiempo, además ya había localizado el Centro de Vivi ..era la solución acá  
nomás, sólo teníamos que contactarla,  íbamos a pagar lo que sea necesario..! Tampoco  
accedí.  
Siguió pasando el tiempo, más meses y más años y yo seguía intentando leer la  
información en línea pero siempre terminaba en angustia y llanto.  
Mientras tanto, los dos primeros años de casados fueron angustiantes para los dos,  
disfrutamos muchas cosas j untos pero cada día terminar en la cama para  mí era  
angustiante. Nunca sentía excitación y lamentablemente más de una vez le cortaba el  
momento angustiada, con mis piernas durísimas y sintiendo dolor, en el cuerpo y en la  
mente, sintiendo que me estaba forzando, aunque no se lo decía. Y nos dormíamos, yo  

llorando y el enojado, o decepcionado, o asustado, sea como sea, era horrible.
Por alguna razón, los siguientes dos años empecé a sentir que tenía que disfrutar igual,  
intenté explorar un poco más sobre qué era la sexualidad y empecé a leer nformación, en  
general. Empecé a sentir excitación en los encuentros que teníamos, me sentía más  
relajada y hasta sabía cómo llegar al orgasmo. Disfrutábamos j untos, aún sin intentar  
siquiera la penetracióny empecé a sentirme más segura, pero seguía sin querer contactar a  
Vivi.   
Durante todos estos años también, una de las preocupaciones más grandes para él no era  
el sexo en sí sino que yo pudiera hacerme los chequeos ginecológicos. Lo intenté, visité a  
una ginecóloga en el primer año de casados, con toda la angustia del mundo le expuse la  
historia de que nunca habíamos podido lograr la penetración, acompañada de mi esposo, él  
siempre terminaba la conversación mientras yo lloraba sin parar. Pero no sólo sentí que  
esta médica me había tratado con desinterés sino que intentó introducime un hisopo y yo  
salté del dolor y los nervios, llanto otra vez. Me fui pasada de nervios y con la seguridad de  
que NUNCA iba a volver a ver a ningún ginecólogo nunca más.  
Pasó el tiempo mientras esquivaba las conversaciones con amigas sobre los chequeos  
anuales y los chistes sexuales, hasta que a una amiga le pude contar que nunca me habían  
podido revisar porque me ponía nerviosa, sólo eso le conté de toda la historia. Ella me  
recomendó que visitara a su ginecólogo porque era súper amable. Fui otra vez con toda la  
carga emocional de exponer mi historia, siempre acompañada de mi esposo y de vuelta él  
terminando las conversaciones mientras yo lloraba. Me aseguró que yo iba a poder pasar  
por eso, que en ese momento él no me iba a tocar, que sólo me iba a mirar si yo estaba  
dispuesta. No sentía vergüenza de que me miren desvestida,así que me cambié y me  
recosté. Me miró y me avisó que sólo iba a apoyar su mano en mi pubis, yo me sentía  
segura pero en cuanto lo hizo estallé en llanto, las piernas se cerraron y bajé asustadísima.  
Mientras me cambiaba le recomendó a mi esposo que me visitáramos una psicóloga, y me  
aseguró que con el tiempo iba a poder revisarme, que no me preocupara y que me iba a  
esperar. Yo no sabía si lo iba a poder resolver pero me fui con la calma de sentirme  
entendida.  
Visité a una psicóloga y expuse nuevamente mi historia entre llanto, pero las cuatro  
consultas siguientes que tuvimos sólo ahondaron en cosas cotidianas y el tema no se tocó  
nunca más así que solita decidí no ir más.  
“Tobi” se convirtió en una palabra que surgía muy seguido en casa. Cada vez que  
hablábamos del tema, o cada cierto tiempo mi esposo me lo mencionaba: “cuándo vas a  
contactar a Tobi”, “contactemos a Tobi”.. y yo seguía sin acceder.  
A mitad de este año, él me dijo que le iba a escribir a “Tobi” para consultar sobre el asunto.  
Le dije que lo haga, y Vivi nos respondió, pero yo nunca le devolví ese último correo. Tres  
meses después sufrí una parálisis facial que me alertó sobre muchos aspectos de mi salud,  
malos hábitos alimenticios que me había hecho perder  10 kilos en poco tiempo, insomnio y  
estrés acumulado. Adentro mío todo había estallado y era momento de ponerlo en orden.  
Visité muchos médicos durante la recuperación de la parálisis y también me habían  
recomendado asistencia psicológica, así que sentí que era el momento ideal para contactar  
a Vivi y lo finalmente lo hice. Le escribí otro correo y le dejé mi número de teléfono para que  
ELLA me llame consciente de que probablemente yo no lo haría.. Me llamó y arreglamos  
una cita.  
Fuimos j untos, con mi esposo siempre sentimos que lo que pasa en el matrimonio nos pasa  
a los dos, por eso nunca fue una opción asistir sola. Llegamos súper nerviosos, y Vivi nos  
recibió súper amable. Nos sentamos, tomamos un té y conversamos. Desde el primer  
momento exponer nuestra historia fue fácil, los nervios duraron los primeros minutos  
solamente.   
Nunca creí que en la primer consulta iba a pasar al gabinete pero así fue y en sólo un ratito  
ya había aprendido más de mi cuerpo que en toda mi vida. No sentía vergüenza de lo que  
Vivi me iba enseñando sino de no haberlo aprendido antes, en algún momento, quién me  
tenía que enseñar esas cosas o dónde las tendría que haber aprendido? Para el final de la  
segunda hora con Vivi ya podía conocía mi vulva y todas sus partes, podía mirarme en el  
espejo sin sentir aversión o miedo, ya había ubicado la entrada de mi vagina y lo más  
increíble de todo: había comenzado a introducir una velita y sin sentir dolor!!! La alegría que  
sentía era indescriptible! Le pedí a Vivi que dejara entrar a mi esposo, tenía que ver lo que  
había logrado, no lo iba a poder creer!!!  
Nos fuimos de esa primera consulta fascinados con todo lo que habíamos logrado, el  
problema estaba solucionándose al fin.   
No fue fácil transitar esas semanas, cada sesión de dilatación en casa era angustiante y me  
tomaba mucho tiempo relajarme hasta lograrlo. Pero pasaban las semanas y también  
pasaba la angustia, y cada vez era más fácil, además cada logro era un festejo! Ya no había  
ni vergüenza ni angustia, con mi esposo decíamos que era un j uego, y que cada visita en el  
gabinete de Vivi era desbloquear un nivel, porque era así, cada visita lograba algo nuevo,  
introducir un dilatador más grande o hacer movimientos nuevos, realmente algo se  
desbloqueaba, y siempre al final de la visita le pedía a mi esposo pasar para que lo viera,  
volvíamos entusiasmadísimos! Él me compraba las velas y la plastilina para hacer los  
dilatadores en casa, una tarde llegó a casa y sacó de la mochila diez plastilinas blancas,  
eran plastilinas infantiles pero eran para mis dilatadores, con esas cosas la angustia se fue  
transformando en risas..  
Hubo días buenos y días malos pero el apoyo y optimismo de Vivi y de mi esposo fueron  
TODO!!! Hoy escribo este testimonio con la alegría de haber superado un problema que me  
llenó de tristeza, enojo y estrés durante 6 años. Esta semana estábamos transitando la  
semana en la que teníamos que practicar con las guías que Vivi nos había enseñado, pero  
hace poquitos días en un encuentro  íntimo me sentí tan segura y confiada que le pedí que  
intentemos la penetración, y aunque el momento dejó de ser excitante para ser un momento  
puramente “técnico”, buscamos la postura más “cómoda” para abrir mis piernas, aunque era  
sumamente incómodo para él.. Respiré profundo, hice kegels, volví a respirar profundo  
mientras hacía más kegels, y muy lentamente lo logramos! Había pequeñas molestias, pero  
había grandes sensaciones nuevas, no lo podíamos creer!!! Ya estaba completamente  
segura, lo quería volver a intentar ese día mismo más tarde, y al otro día y así estamos..  
completamente sorprendidos y entusiasmados y excitados y felices. Hoy mismo, de hecho,  
vamos a visitar a Vivi para contarle todo esto, hacerle mil preguntas y, sobre todo  
agradecerle! Tenía toda la razón, el problema tenía solución y valía la pena intentarlo.  
Las razones de mi vaginismo pueden haber sido varias, síntoma de estrés postraumático  
por un episodio de abuso cuando era chiquita, del cual no fui consciente hasta hace poco,  
un episodio de abuso peor que se repitió a mi hermano tiempo después, mucha culpa que  
cargo por eso y de la que soy consciente ahora de adulta que tengo que liberarme, y  
completa falta de información y conocimiento de mi propio cuerpo y sexualidad. De todos  
modos, sean las razones que sean, el problema del vaginismo tiene solución y aunque  
pareciera tan difícil, realmente no lo es: en sólo dos meses y en exactamente 7 sesiones  
logré superarlo. Me llevó 6 años sentirme lista para enfrentarlo pero no me siento mal por  
eso, el momento indicado llega y cada una lo conoce. Por eso más que nada valoro  
inmensamente a mi esposo, porque me esperó y no se desanimó; y a profesionales como  
Viviana que tienen toda esta capacidad, todo mi reconocimiento y agradecimiento, ojalá  
todas las chicas que pasen por esto puedan llegar a ella, y ojalá también que otros  
profesionales como ginecólogos, kinesiólogos y psicólogos conozcan más a fondo de qué  
se trata el vaginismo y puedan guiar a sus pacientes a una correcta forma de tratarse. Mi  
ginecólogo no conocía a Viviana y su centro pero no estuvo tan errado al recomendarme  
atención psicológica, ahora estoy entusiasmada por visitarlo de nuevo para contarle toda  
esta experiencia y pedirle que tenga en cuenta a Viviana para recomendarla a otras  
pacientes, vale la pena absolutamente.  
    

Testimonio de varón sobre matrimonio no consumado
Diciembre 2018
Comenzamos  a  transitar  este  camino  desde  nuestra  noche  de  bodas.  Nos  casamos  vírgenes,  sin  
relaciones   previas   ni   experiencia  alguna  relacionada  con  lo  sexual.   Naturalmente,  tenía  muchas  
expectativas  sobre  ese  momento, y  estaba  ansioso.  Esa noche, todo salió bastante mal: iba rápido, y lo  
que  pensaba  que  debía  darse  naturalmente  no  se  dio.  Nunca  pensamos  que  continuaría  así  durante  
tanto tiempo.  Pasaron  algunos  días  durante  la  luna de miel en los que, angustiados, nos mirábamos sin  
entender  lo  que  pasaba,  por  qué  si todos  lo ven  “tan fácil”  para  nosotros  no  lo  era.  Durante  la  luna  de  
miel,  y  con  mucha  vergüenza,  compré  lubricante  en  una  farmacia  (sin  saber  qué  comprar  ni  cómo  
pedirlo, pero pensando según lo poco que había investigado en  Internet que serviría para algo).   
 Primero   pensamos   que   eran   nervios, que   luego   podríamos...   pero   no   fue   así.   ¿Me   estaría equivocando? Tal vez  estaba  haciendo  algo  mal,  o  no  le  daba tiempo,  o iba muy rápido… pero aunque  me  esforzaba,  las  cosas  no  mejoraban  demasiado.  Hicimos  lo  que  pudimos para disfrutar de la luna de miel y  de  la  intimidad  en  esas  circunstancias  que  no  entendíamos  bien,  sabiendo que algo faltaba pero  sin  echarnos  la  culpa  del  por  qué.  No volvimos  a  intentar  una  relación  con  penetración,  a  mi  esposa le  resultaba angustiante y era lo que menos quería que sintiera en ese momento.  
Comencé  a  investigar  en  Internet  qué  era  lo  que  pasaba.  Pasaron  algunos  meses  hasta  que  encontré  
nombres  de  problemáticas  sexuales  que  pude  asociar  a  nuestra  situación.  Dispaurenia,  vaginismo…  
términos  que  no  conocía  hasta  ese  momento  y  que  nunca  pensé  que  luego  conoceríamos  tan  bien.  
Encontré  en  Internet  la  nota  de  Entremujeres  en la que se trataba el tema, y esa fue la primera vez, allá  
por  2013 y  a  los  pocos  meses  de  casarnos,  que  supe  que  al  menos  había  alguien  que  entendía  cómo  era  nuestra  situación.  Toda  la  información  que  iba  recopilando  la  compartía  con  mi  esposa,  que  
oscilando entre la preocupación y el miedo comenzaba a ponerle nombre a lo que le pasaba.  
 Al  poco  tiempo  visitamos  una  ginecóloga.  Erróneamente,  supusimos  que  era  el  profesional  indicado  
para  que  la  ayude.  Entramos  j untos  a  la  consulta  y,  llorando,  le  contó  lo  que  le  pasaba.  Fría,  la  
ginecóloga  me  invitó  a  salir  un  momento y trató de examinarla utilizando un hisopo. Por supuesto, nada  
de  eso  podía  salir  bien.  Todavía  recuerdo  ver  salir  a  mi  esposa  de  la  consulta,  avergonzada  y  
aterrorizada  por  la  situación.  Me  acuerdo  de  conversar  con  ella  en  el  auto:  nunca  la  había visto  llorar  
tanto tiempo.  En  ese momento, sentí que se cerraba una puerta, que no sabía cuándo podríamos volver  
a tocar.  
Los  primeros  dos  años  de  matrimonio  fueron  difíciles  con  relación  a  lo  sexual.  Era  un  tema  del  que  
prácticamente  no  se  hablaba.  Evitamos por completo una relación sexual “completa”, y prácticamente el  
deseo  sexual  de  mi  esposa  era  inexistente.  Aunque,  por  supuesto,  eso  no  nos  llevó  a  distanciarnos  
emocionalmente,   sufríamos,   cada   uno   a   nuestra   manera,   y   a   veces   terminábamos  enojados  o  
frustrados.  La  animaba  a  que  investigue,  a  que  se  conozca,  a  que  visite  los  sitios  con  información  y  
tratamientos,  pero  la  sola  idea  de  reconocer  su  cuerpo  le  resultaba  angustiante.  Incluso  le  propuse,  
varias veces, comprar un tratamiento web que incluía dilatadores (era “la solución” para el vaginismo).  
Ya  transitando  el  tercer  año  de  matrimonio,  las  cosas  lentamente  empezaron  a  cambiar.  Ella  se  
mostraba más dispuesta a hablar del tema, y a dejarse llevar cuando la situación se daba. Por supuesto,  
nunca  intentábamos  la  penetración.  Sabíamos  que  ese  sería  el  fin  del  encuentro  sexual,  pues  la  
angustia y el dolor aparecerían de nuevo.  
Comenzamos  a  llevar  nuestra  situación y  nuestra vida  sexual  sin  mayores  inconvenientes,  buscándole  
la  vuelta  para  disfrutar  de  nuestra  intimidad  sin  preocuparnos  demasiado.  Sin  embargo,  había  una  
situación  que  me  inquietaba  cada vez  más:  los  controles  ginecológicos.  ¿Y  si  un  día  se  enfermaba  de algo  que  podía  evitarse  a  través  de  controles  periódicos?  Nunca  un  papanicolau...  nunca  un  control
 ginecológico…  De  a  poco,  sin  descuidar  nuestra  situación  más  “cómoda”,  empezamos  a  plantearnos  
j untos la necesidad de, en algún momento, resolver el problema del vaginismo.  
Eso  en  sí  mismo ya  era  un  paso:  reconocer,  no  solo que había un problema, sino también la necesidad  
de  arreglarlo:  no  por  una  cuestión  sexual,  sino  por  una  cuestión  de  salud,  de  salud  de  los  dos.  
Obviamente,  ella  tenía  que  hacerse  los  controles  por  precaución.  Pero,  en  mi  cabeza  voladora,  la  
posibilidad  de  que  algún  día  le  pasara  algo y  no  lo  hubiéramos  detectado  a tiempo  por  no  ir  al  médico  me resultaba angustiante.  
Con  la  ayuda  de  una  amiga  de  mi  esposa,  encontramos  un  ginecólogo  que  nos  dijeron  que  era  
comprensivo  y  amable.  A  finales  de  2017  sacamos  turno  y  lo  visitamos:  en  efecto,  comprendió  la  
situación,  nos  animó  y  nos  dijo  que  el  problema  tenía  solución.  Pidió  una  ecografía  abdominal  de  mi  
esposa.  Fuimos  a  la  siguiente  consulta,  con  la  ecografía,  llenos  de  expectativas,  pensando  que  al fin  
íbamos  a  lograr  la tan  ansiada  revisión. Sin embargo, el ginecólogo prácticamente no había comenzado  
la  revisión  cuando  mi  esposa  comenzó  a  llorar,  angustiada.  Lamenté  mucho  ese  momento,  pues  de  
alguna  manera  volví  a  sentir  lo  que  años  atrás  nos  había  pasado  con  la  otra  ginecóloga,  aunque  la  
situación  no  era  exactamente  igual:  habíamos  madurado,  conocíamos  más  sobre  el  problema,  y  
estábamos  decididos  a  resolverlo.  El  ginecólogo  nos  derivó  a  una  psicóloga,  a  la  que visitamos.  Por  lo menos  ya  había  hecho  la  derivación  correcta.  Sin  embargo,  luego  de  un  par  de  sesiones,  mi  esposa discontinuó el tratamiento con la profesional.  
 Comenzamos  2018,  sabiendo  que  queríamos  resolver  el  problema.  A  esta  altura  teníamos  solo  dos  
opciones:  el tratamiento  “web”,  que  había  que  comprar e ir a buscar al correo (sí, ya estaba dispuesto a  
ir  al  correo  y  explicarle  a  la  chica  por  qué  traíamos  un  set  de  dilatadores  desde  España),  o  visitar  a  Viviana. Ya  era una costumbre hablar de “Tobi” y “la Tobi” en casa. Finalmente, el 4 de j ulio le escribí un  
correo  a  Viviana  preguntándole  si  conocía  un  profesional  donde  vivimos,  a  unos  60  kilómetros  del  
consultorio.  Ese  mismo  día,  me  respondió  pasándome  sus  datos  de  contacto.  Pasaron  unos  meses  
hasta  que  la  contactamos  (mi  esposa  no  se  animaba,  o  no  la  podía  contactar,  no  lo  sé).  El  19  de  
septiembre,  Viviana  nos  volvió  a  escribir.  Esas  líneas,  sumado  a  lo  que  pasó  después, fueron todo  lo  
necesario para continuar:  
  
“Hola  
No recibí aún respuesta de ustedes.  
Si todavía no han resuelto el problema, no duden en contactarme .  
Ya dieron el primer paso.  
Saludos  
Viviana”  
  
No  habíamos  resuelto  el  problema,  pero  leer,  dirigido  a  nosotros  “ya  dieron el primer paso”, nos resultó  
reconfortante.  Pocos  días  después  mi  esposa  sufrió  una  parálisis  facial  periférica,  producida  por  un  
virus,  estrés,  mala  alimentación,  y  mil  factores  más.  Comenzamos  un  proceso  de  “reconstrucción  
familiar”  que  implicó  muchos  cambios  en  nuestra  rutina.  Y  ese  fue  el  momento  j usto  para  incluir  la  
resolución  del  vaginismo  en  nuestros  planes. Visitamos  a Viviana,  sabiendo  que  el  proceso  llevaría  un  
tiempo, y que cada visita implicaría una inversión emocional de importancia.  
Decidimos  encarar  el tratamiento como algo ​nuestro​, no del otro. Recuerdo que la primera visita duró un  
par  de  horas.  Tomamos  un  té,  conversamos  sobre  toda  la  situación,  y  la  segunda  hora  fue  práctica.  
Cada  sesión  terminaba  más  o  menos  igual: Viviana  me  llamaba  al  gabinete,  porque  mi  esposa  quería  
mostrarme  su  progreso  con  los  dilatadores.  Ya  en  la  primera visita  habíamos  logrado  más  que  en  los  
últimos  cinco  años: mi esposa podía reconocer sus órganos, había aprendido a hacer los kegels y había  
podido con “la velita”. Eso fue un  1 de octubre.  
Encaramos todo  el tratamiento  como  un  proyecto de pareja. Todas las sesiones viajábamos j untos. Eso  
implicaba  dedicar  prácticamente  toda  la  tarde,  teniendo  en  total  unas  5  o  6  horas  entre  el  viaje  y  la  
sesión.  Cuando  necesitaba  preparar  un  nuevo  dilatador,  iba  al  kiosco  y  compraba  plastilina,  y  si  no  
alcanzaba buscábamos otro lugar para comprar más.  
 Cada  visita  fue  un  avance,  nunca  un  retroceso.  A  veces,  porque  volvía  con  más  fortaleza  emocional  
para   hacerle   frente   al   vaginismo.   Sin   embargo,   casi   siempre   era   porque   “desbloqueaba   el  2”,  
“desbloqueaba  el  3”, o “desbloqueaba el 4”. Decíamos, en chiste, que ir a la sesión le servía para “pasar  
de  nivel”.  En  efecto,  mi  esposa  practicaba  los  kegels  y  el  dilatador  de  la  semana,  y  en  la  consulta  
avanzaba  hacia  el  siguiente. De a poco fuimos dándonos cuenta de que el tratamiento se acercaba a su  
fin.  
Hace  una  semana,  estuve  durante  la  sesión  y Viviana  nos  mostró  el  siguiente  paso,  el  método  de  las  guías,  en  el  que  yo  la  ayudaba  a  ella  con  los  dilatadores.  Creo  que  ese  fue  un  paso  que  logró  una  vinculación  entre  los  dos  que  no  habíamos tenido  hasta  ese  momento:  ahora yo sentía el esfuerzo que ella  hacía.  Al  salir  de  la  sesión,  nos  propusimos  hacer  los  ejercicios  cada  día  hasta  el  miércoles  
siguiente.  
 Sin  embargo,  no  contábamos  con  que  íbamos  a  poder  resolver  el  vaginismo  antes  de  tiempo.  Hace  
pocos  días,  luego  de  casi  6  años  de  estar  casados,  pudimos  superarlo.  Fue  algo  increíble,  no  solo  por  las  nuevas  sensaciones,  sino  porque  nos  invadió  un  sentido  de  logro  inmenso,  una  alegría  difícil  de  describir con palabras. En 70 días resolvimos algo que nos llevó casi 6 años encarar.  
 Estamos  muy  agradecidos  por  la  paciencia  y  comprensión  de  Viviana.  Creo  que  los  esposos  que  
acompañan   a   sus   esposas   en   esta   situación   tienen   que   esforzarse  por,  valga  la  redundancia,  
acompañar y animar, siempre que se pueda, al tratamiento, involucrándose activamente en el mismo.  
Cuando el momento llega, llega.  



Noviembre2018
34 años
Una semana antes de cumplir 34 años perdí mi virginidad de penetración. No llegué a este punto por una decisión conciente ni por una convicción religiosa sino porque soy una persona muy exigente y a la que le cuesta mucho el contacto con otras personas, sobre todo el contacto físico. Hasta que conocí a mi actual novio no me había sentido dispuesta a abrirme con nadie - en el sentido más literal de la palabra. De hecho la atracción meramente sexual siempre me había resultado un misterio. Comprendía el impulso, como la mayoría de la gente, comencé a masturbarme en la adolescencia y he mirado porno. Pero ese plano de sensaciones siempre lo sentí como extraño a mi. En la vida real, nunca experimenté cruda atracción física por nadie, ni conocidos ni desconocidos. Hasta la primera noche en que me quedé a dormir en su casa. Esa noche conocí el deseo. Me dormí pensando "tocame, tocame, tocame". Y no pasó mucho tiempo hasta que las sesiones de caricias y besos se convirtieran en mucho más que eso. Mucho antes de eso yo le habia explicado mi situación y mis dificultad con el contacto físico y el siempre fue enormemente comprensivo. Jamás me apuró. Muy al contrario la primera que pidió avanzar el último paso y terminar con eso que llamaba "ensayos generales" fui yo. Así que lo intentamos. Yo me sentía super relajada, sin vergüenza, sin miedo, sin ningún síntoma físico de nervios. Y sin embargo el momento del intento de penetrar fue una explosión de ardor y dolor que me llevó a contraer todo mi cuerpo, una sensación que estoy segura de que reconocerán quienes lean esto. El no se asustó ni se enojó. Pensando que estaría nerviosa lo dejamos para más adelante. Su experiencia no es tanto más amplia que la mía y por supuesto tampoco tenía idea de que me estaba pasando así que tampoco sabía muy bien como reaccionar.
De repente esa noche me di cuenta de que esa sensación ante la penetración no era algo q yo estuviera experimentando por primera vez. Llevaba muchísimos años masturbándome, pero mi estímulo siempre fue exclusivamente sobre el clítoris. Cuando intentaba llevar los dedos hacia adentro… dolor y hasta impresión. Tenía orgasmos pero mi pelvis se contraía con ellos. Y yo siempre pensé que eso era normal… como saber que no lo era? No soy una persona lo suficientemente abierta como para hablar de sexo con mis amigas y no tuve educación sexual.
Mi colegio dictaba algo que se hacía pasar por educación sexual pero cuyo objetivo era en realidad sembrar el miedo en los chicos: aprendimos sobre el amplísimo abanico de enfermedades de transmisión sexual y todas las cosas que pueden salir mal en un embarazo.
A nivel familiar la situación era relativamente inversa. No vengo de un hogar religioso ni conservador. Mis padres siempre fueron abiertos conmigo sin dejar de resaltar las responsabilidades que implica cuidarte y  cuidar tu cuerpo. Pero tampoco eran lo suficientemente abiertos como para que yo hablara con ellos, ni con nadie más de mi familia, sobre esa extraña incomodidad.
Con toda esa falta de información y sumando la idealización del sexo romántico que abunda en las películas, siempre pensé que cuando llegara el momento mi vulva se "abriría como una flor" y la persona correcta no tendría ningún problema para entrar.
Está muy bien aprender sobre los riesgos de un acto que requiere conciencia y responsabilidad pero por que no aprendemos tambien a conocernos? Conocer nuestro cuepro y tener plena conciencia de lo que se puede experimentar ayudaría muchísimo a que cada persona ponga los límites que quiera y pueda disfrutar como quiera. Si no sabemos esto siempre estaremos en la duda, como estaba mi novio esa primera noche, temiendo lastimarme, o dejaremos que nos lastimen física y emocionalmente, pensando que es lo que se supone que tiene que pasar.
Yo recién tomé real conciencia de mis genitales luego de esta primera mala experiencia. Al segundo intento doloroso, ambos concluimos lo mismo: tenía que hacer una consulta profesional y saber que estaba pasando y como solucionarlo.
Desde los 15 años veía una vez por año un ginecólogo debido a un problema en una mama que era ajeno a esta historia. El me hacía el Papanicolau y el fue quien me dio las pastillas anticonceptivas, sin preguntar nada más sobre mi vida sexual.
Mi descripción de la situación la recibió con cara de nada: "si, eso es vaginismo. Le pasa a muchas mujeres, tenes que ir a ver a un sexólogo". Ni comprensión, ni más charla. Ni siquiera una recomendación de un profesional a quien derivarme. Llegué a mi casa y me puse a llorar… todo en mi vida tiene que costarme más que al resto de la gente?
Tuve que recurrir a la cartilla pero es muy incómodo asistir a un sexólogo de esta manera. Pedí una recomendación a una persona conocida, sin explicar por que o para quien era. Así fuimos con mi novio al consultorio de un médico psiquiatra y sexólogo de edad avanzada. Tuvimos media sesión cada uno por separado y media sesión juntos. La respuesta parecía ser: esto se soluciona hablando…. Por muchas sesiones. Cuanto más tendría que esperar ahora que tenía una persona que si quería que entrara? Cuantas cosas de mi intimidad sexual y no sexual tendría que contarle a esta persona que no me despertaba ninguna comodidad?
Y al mismo tiempo seguía la duda: estamos seguros de que esto no es un problema orgánico? Decidí ver a otro ginecólogo… nunca me detuve a pensar si las mujeres serían más capaces de resolver este problema pero llegué a dos mujeres, dos ginecólogas distintas que concluyeron lo  mismo: no tenés ningún problema físico y dos mujeres que me recomendaron lo mismo: andá a ver a Viviana Tobi.
Que historia distinta! Desde el primer momento me sentí absolutamente cómoda para hablar pero además mucho más relajada por la idea de que esto no se resolvería hablando sino haciendo ejercicios y sobre todo, conociendo mi propio cuerpo. Quizás algun profesional más tradicionalista dirá que falta una pata del tratamiento si el paciente solo soluciona el síntoma pero no encuentra la raíz del problema psicológico. Pero lo cierto es que, por lo menos en mi experiencia personal, a medida que se van dando los pasos físicos y una aprende a conocerse por ese lado, los pasos psicológicos o emocionales para entender que ha pasado ocurren solos y eventualmente una descubre que ocurrió. No voy a explicar acá cual creo que es la causa original de mi problema porque no viene al caso.
El proceso duró aproximadamente dos meses: sesiones una vez por semana y ejercicios en mi casa. Como cualquier otro problema que una quiera superar hay que comprometerse. Y como cualquier otro problema: el camino tiene altibajos, frustraciones y éxitos. Por suerte yo tuve en mi novio a una persona que me acompañó en todo este recorrido sin inmiscuirse demasiado, que me dejaba hablar cuando quería y si no contaba nada no preguntaba. Alguien que nunca me preguntó por lapsos de tiempo ni hasta donde había avanzado. Su única pregunta siempre era: como viene todo? Estás contenta con el tratamiento?
Antes de mi primera sesión jamás había visto mi vulva, más de lo que se ve al inclinar la cabeza. Y lo poco que había visto me parecía tan delicado que contribuía a la sensación de que "mejor no entre nada acá". Las cosas son muy distintas en un espejo. Y  también son muy distintas cuando ves las vulvas de otras. No las perfectas y "construidas" de las porno sino la enorme diversidad y "personalidad" de las vulvas reales, que vi en fotos en mi primera sesión con Viviana.
Y las cosas son muy distintas también cuando, aunque no puedas ver, tocás y aprendés que se siente contraer los músculos, cuando tomás conciencia de que está pasando por adentro. Y cuando estás lista, cuando el músculo se relaja cuando se lo pedís, entra el dedo. Y despues el primer dilatador y el segundo, aumentando levemente de tamaño.
Durante esas primeras sesiones, recordé como relajarme a conciencia, algo que había aprendido cuando hacía yoga y lo había perdído en mis complicados años recientes. Y cada noche, pasando por esa relajación fui aumentando el tamaño insertado. Pero no todo fluye fácil. A veces no entraba, a veces volvía el dolor y el ardor del primer intento. A veces mi interior expulsaba el dilatador de golpe y en un solo movimiento. Y cuando no entraba, la frustración contraía todo mi cuerpo haciendo que un segundo intento resultara mas difícil. "No hay que pelear sino hacer un cuarto intermedio y más tarde negociar" es una lección que aprendí en mi actividad deportiva y que apliqué a esta experiencia. Soy una persona muy ansiosa, tanto de las cosas malas como de las buenas, así que cuando la penetración no funcionaba, cosa que sobre todo ocurría cuando intentaba pasar al dilatador del tamaño superior, me detenía, pensaba en otra cosa y despues volvía, no sobre el mismo sino sobre otro, quizás incluso volvía al principio del tratamiento e intentaba con el dedo.
En un momento el cuerpo me hizo click y hasta los dilatadores más grandes empezaron a entrar con facilidad. Puestos frente a los labios ya casi sin necesidad de concentrarme ni relajarme a conciencia, casi eran "absorbidos". Plup! Y adentro. En ese punto empecé a preguntarme… "y el placer acá donde está? Esto es pura mecánica. Como relajarse para que un médico pueda hacer un procedimiento sin problemas.". Durante toda la duración del tratamiento seguí teniendo encuentros con mi novio, sexo sin penetración pero con orgasmos (muchos orgasmos). Podríamos haber seguido así, los dos lo disfrutábamos… cual era el sentido del esfuerzo? Pero por que no intentarlo? Porque negarme la posibilidad de algo más? La penetración no es el objetivo final del sexo, sobre todo en mi caso, en que no tengo planes de maternidad a corto ni mediano plazo, solo es una opción más de experimentar algo distinto.
Y con toda esta experiencia de conocernos sin ese aparente "objetivo final" yo aprendí que cosas me gustan y que no, aprendí que no es necesario que haya una extrema coordinación, ni en los orgasmos ni en el placer en general, descubrí que a el le gusta que yo tome las riendas y domine y más asombrosamente aún, descubrí que a mi también me gusta y que esa autoconfianza recién descubierta, empezó a permear hacia otras instancias de mi vida. No cambié quien soy, simplemente encontré un costado de mi que no sabía que tenía. No estoy afirmando que esto lo haya hecho el sexo, esto es plena responsabilidad de mi novio. Pero el sexo fue un canal por donde llegar y es muy triste que mucha gente no pueda tener ese canal para descubrirse.
Aquí llegamos al punto en que interviene la pareja en el tratamiento: el tenía que observar los ejercicios, ver como insertaba el dilatador y luego hacerlo el. Emocionalmente no fue dificil, nuevamente aclaro que nunca tuve problemas con que me tocara o me viera desnuda y de su parte durante todo el proceso solo recibí positividad. Así que este paso ocurrió también fácil y naturalmente… pero yo seguía sin encontrarle el placer y sin entender como incorporar la penetración al resto de nuestros encuentros.
Esto llevó a que cuando Viviana nos dio el visto bueno para intentarlo, la cosa se complicara. Yo sentía demasiada presión, no de su parte sino de la mía y el estaba tan preocupado por hacerme sentir cómoda y relajada que rápidamente perdía la motivación. Y si el hombre no está duro ningún tipo de intento funcionará. A mi además me costaba manipularlo, tomarlo con mis manos como tomaba a los dilatadores e insertarlo era algo que sentía imposible. "Detrás de este pene hay una persona. - pensaba - Tengo miedo de lastimarlo". De mi parte no había ningún tipo de dolor ni contracción, el freno era puramente psicológico.
Confieso que no seguimos estrictamente el orden recomendado de iniciar la sesión de juegos previos usando los dilatadores para pasar a la penetración "de verdad", en parte por nuestro propio entusiasmo y en parte por el estado mental que vengo describiendo: me era imposible asociar los dilatadores con una situación erótica.
Y la posición tampoco ayudaba. Viviana nos había recomendado comenzar los intentos conmigo abajo ya que esa era la posición que había venido usando siempre para los ejercicios. Pero los dos sentíamos el impulso de invertirnos, porque a ambos nos gusta más que yo esté arriba. Por que no intentar eso?
La curiosidad pudo conmigo e intenté algo sola, pensando en aplicarlo con el: hice una pilita de almohadas y coloqué el dilatador más grande parado encima, Abrí las piernas y sin usar las manos hice bajar mi cuerpo hasta penetrarme sin esfuerzo… era fácil, solo tenía que replicar eso con el! Pero no resultaba.
Así llegamos a la sesión con Viviana en que el me acompañó. Ahí tuvimos oportunidad de charlar esta situación y barajar opciones. La "pastillita azul" para ayudarlo a el, videos para ayudarnos a los dos o la opción que nosotros sentimos más viable: "erotizar" los dilatadores. Incorporarlos en el juego, usarlos para estimular y no solamente para el paso final de penetrar. Durante esta sesión yo además insistí con algo más: no quiero lograr este paso porque sea el paso trascendental sino todo lo contrario. Quiero desacralizar la penetración y en cierto punto sacarme el asunto de encima para disfrutar del sexo en todas las formas que encuentre disfrutable ahora que encontré alguien que si me despierta el deseo. La penetración es solo una parte pero por otro lado, la otra cara del asunto, el otro objetivo que expresé cuando Viviana me preguntó acerca de las razones para encarar este tratamiento, es que no hay forma de estar más cerca de tu pareja, es el acto literal y metafóricamente más intimo que es posible realizar. Por eso siempre supe que no podría hacerlo con alguien en quien no confiara y/o que conociera poco y por eso quería hacerlo ahora, para estar lo más cerca posible de el. Emocionalmente hay otras formas, físicamente es la única.
Esa noche luego de la sesión fui a dormir a su casa pero me encontré por única vez desde que lo conozco pensando "ojalá no me toque". Me estaba escapando de otra posible frustración. Pero me tocó… y como! Tanto que no hubo tiempo de pensar en intentos. Pasó todo por afuera como tantas veces anteriores. Cuando los dos nos habíamos relajado y yo seguía encima de el, se acomodó poniendo su pene detrás de mi cuerpo. La posición me resultó tan simpática que pasé mi mano por mi espalda y empecé a acariciarlo, sin la intención de que se excitara, era solo cariño. Pero a veces el tacto puede más que la mente. Se puso duro en seguida, me miró picaramente y me preguntó "querés intentar?". Yo ya no estaba excitada y lo primero que pensé fue "uy no, otra vez no voy a poder". Pero despejé esa idea y me mentalicé a sacarme el tema de encima. Yo estaba arriba, como me resulta más natural y creo q no estar excitada ayudó a hacer que la situación fuera más cercana a mi costumbre haciendo los ejercicios. Así que hice lo mismo que había hecho con mi pilita de almohadas: me senté encima, abriendo gradualmente las piernas y dejando que la gravedad hiciera el resto. Plup! Y adentro! Casi absorbido. Siguiendo de manera mecánica me moví un poco, pero como no estaba exitada, esa noche "la acción" la tuvo él. Yo estaba muy contenta, por haberme sacado de encima un asunto que venía trabajando por 2 meses, nada más que por eso. Después de barajar tantos mecanismos para intentar facilitarlo, salió solo, apenitas habiendo salido de la sesion! Quizás lo único que necesitabamos era hablarlo…
Tuvimos una sesión de cierre con viviana, vimos algunos videos instructivos… pero a decir verdad, sentimos que mucho de lo que esos videos describían, ya lo habíamos vivido… tuvimos meses de relaciones sexuales sin penetración. Al punto de que antes de comenzar el tratamiento yo ya no me sentía virgen. La virginidad se asocia con inocencia y si bien lejos estaba y lejos estoy de ser una actriz porno, no era tan inocente ni es solo puro y platónico mi sentimiento por el.
Luego de esa primera vez día vinieron un par de noches más en que todo marchó perfecto, sin necesidad de ninguno de los métodos que habíamos barajado, con solo algo de relajación a conciencia de mi parte, entraba sin problemas. Empecé a disfrutarlo. Empecé a darme cuenta de que sentía cada vez más por dentro y de que a pesar de que al tacto me seguía resultando más placentera la estimulación externa, igual sentía una necesidad muy fuerte de que me penetrara. Y por supuesto el ver que el lo estaba disfrutando tanto ayudaba bastante también!
Pasadas dos semanas tuve una recaida: volví al punto previo a la primera vez, intentos infructuosos, sin dolor pero con una rápida perdida de la exitación, a veces de uno, a veces del otro, a veces de los dos. Nunca nos explicamos muy bien que pasó. Estrés? El hecho de que habíamos hecho un pequeño viaje? Tratamos de no frustrarnos. Seguimos disfrutando "por afuera" tanto como siempre. Yo seguí usando los dilatadores sin problema y sin dolor, tratando de mantener regularidad. Y tan rápido como esa mala racha llegó, se fue. De repente estábamos de vuelta.
Y desde ese día hace 1 mes y medio, solo hemos seguido el ritmo. Pero el sexo, como toda actividad humana, no es perfecto. Seguimos con nuestros altos y bajos, encuentros que duran mucho y otros que duran poquito, días más divertidos que otros, días más placenteros que otros, momentos en que el disfruta más que yo y otros en que yo vuelo y el tiene los pies sobre la tierra. Y a veces si tenemos mucha suerte, nuestras sensaciones se acoplan, nunca a la perfección aun… pero tenemos mucho tiempo para practicar!

Espero que conocer mi experiencia sirva a otras chicas para saber que se puede superar el vaginismo, que el cuerpo humano no es perfecto pero podemos arreglarnos con lo que tenemos y que tenemos derecho a disfrutar de el todo lo que queramos. Sepan que el tratamiento no es fácil ni cómodo pero tampoco tiene que ser emocionalmente doloroso y ni demandar años.
Y ojalá todas tengan una pareja tan comprensiva y acompañadora como tengo yo! No hay duda de que yo hice el mayor esfuerzo pero estoy segura de que el me facilitó las cosas muchísimo.





Testimonios del  encuentro grupal de mujeres con Vaginismo
del 3 de octubre de 2018

Edad: 27  - sin pareja                               
“…No me sentía normal, porque no conocía a alguien que le pase lo mismo que a mí. No me animaba a ir a un ginecólogo porque nunca logre hacer una penetración y el día que fui y comente lo que me pasaba la doctora no supo o nunca le toco una paciente con vaginismo…”.
-Qué te aportó el encuentro? “Me ayudó poder expresar lo que me pasa y que me comprendan porque también les pasó lo mismo. Algo que no conseguía antes.
También me llevo experiencias y consejos para seguir practicando y poder solucionar mi vaginismo.
Voy a poner en práctica las nuevas ideas”

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Edad: 27  sin pareja                         
“…Tengo incapacidad de lograr la penetración al momento de la relación sexual y dificultades para sentirme cómoda al momento de intimar con alguien...”
-Que te aportó el encuentro? “ Me gustó conocer a otras chicas que les pasa lo mismo, poder compartir experiencias que eran similares. Me gustaron las ideas porque mi preocupación después de haber llegado al dilatador nº 3 es sobre el disfrute en una relación y con una misma. Que no sea siempre un acto mecánico.”

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Edad: 37     en pareja hace 11 años
“…Fue una situación muy conflictiva para mí, por querer solucionarlo, sufrirlo al momento de querer tener relaciones y no lograrlo. Miedos, frustraciones, inhibiciones o incomodidad por mi situación. Fui buscando ayuda a lo largo de mi vida con psicólogos, sexólogos, autoconocimientos, reiki, ginecólogos, homeopáticas y sobre todo el apoyo y acompañamiento de mi pareja. Al día de hoy, por fin y sin lágrimas de tristeza en mi cara, puedo decir que ya no sufro más vaginismo...”
-Que te aportó el encuentro “ Fue una experiencia enriquecedora! Me hubiera gustado tenerla en mis comienzos para sentirme que no estaba sola, que no era anormal y sobre todo que tenía solución. Compartir momentos y experiencias alivia cualquier emoción. Gracias ”









Mujer de 40 años
Septiembre 2018


 Fue leyendo Florencia Bonelli y su saga Caballo de Fuego como comencé este camino. La protagonista sufría una patología que le impedía tener relaciones sexuales completas. La descripción de la autora era tan exacta que no tardé en ponerle nombre a mi problema: al igual que Matilde, yo también sufría de vaginismo y nunca lo había sabido.
En diciembre cumpliré 20 años de casada. Mi matrimonio, al igual que todos, es una construcción que erigimos día a día. Nos casamos muy jóvenes, 21 y 25 años, vírgenes ambos por creencia, en mi caso también mucho por mandato. Apenas nos empezamos a a conectar sexualmente, comenzamos a ver que no era fácil, me dolía, me costaba desenvolverme, y mi marido, muy paciente y complaciente, me fue acompañando y amoldándose sin darse cuenta a esta realidad. Lográbamos orgasmos, sí, pero a partir de acciones más relacionadas con escarceo adolescente que con una sexualidad adulta y consumada. Así y todo, las relaciones que establecíamos, de manera incompleta, alcanzaron para que tuviéramos dos hijas, que obviamente nacieron por cesárea, más un embarazo que no llegó a término.
Tampones, ni pensarlo. Revisaciones ginécológicas sí, llorando, sintiéndome vulnerada, abatida. Lo bueno es que nunca dejé de hacerlas, a pesar de que los pap eran muy complicados y no llegaban a la colposcopía.
Hace dos años comencé terapia. Comencé a desandar caminos de proscripción, prohibición, mandato, que subyacían en la conducta de ambos. Nuestra sexualidad empezó a mejorar notoriamente, me sentí más mujer a cada paso, empece a experimentar cosas nuevas y caminos inimaginables para otros tiempos. Nuestras relaciones eran bastante seguidas, no lográbamos una penetración completa pero se aproximaba. No era suficiente. No podíamos cambiar de posición porque no salía bien, y muchas de nuestras fantasías al respecto parecían inalcanzables. Todos los lubricantes. las ideas, nada funcionaba.
Hasta que le puse un nombre. Vaginismo.
Con ese nombre llegué a la web, y con la web a la Lic. Viviana Tobi. Una persona contaba en su testimonio cómo había logrado resolver este problema, y yo me pregunté ¿Podré yo también?.
Yo sabía que mi terapia me había permitido ganar mucho terreno, pero lo que me faltaba, la parte práctica, la concreta, no estaba pudiendo realizarlo sola.
Llegué al consultorio con el total aval de mi marido, realizando un esfuerzo horario (trabajo todo el día) y económico. La primera charla con Viviana duró casi dos horas, fue esclarecedora, amable, tan amena que aquello que me parecía una locura comenzaba a perfilarse como algo real. Leía las carteleras de Tobi Natal y pensaba “yo no voy a poder hacer nada de esto”. Con ejercicios musculares Kegel como tarea única, me fui a casa, con mucho que procesar.
La primer clase práctica, fue todo un desafío. Mientras esperaba, miraba el consultorio y decía para mis adentros, si tengo que introducirme algo me van a oir gritar, porque me va a doler, no voy a poder. Eso no llegó nunca, sólo era parte de mi pensamiento preconcebido, de mi imaginario, de mi historia. La relajación y el clima era tan pero tan abrazador que el primer paso fue mucho más simple de lo que pensaba.
Fui atravesando los cinco tutores del tratamiento. Primero con Viviana, luego en casa. Surgieron algunos contratiempos menores, pequeñas incomodidades sorteadas, posiciones, formas de tutores, pero nunca sufrir dolor. Fue tan progresivo y acompañado, que cada logro lo vivía como una victoria personal.
Hoy, me encuentro transitando la etapa final del tratamiento, con mi marido, probando posiciones, descubriendo cuánto soy capaz de recibirlo, veinte años después estamos conociendo algo nuevo y eso ha infundido un enorme influjo de energía en nuestra pareja.
Pero hoy quisiera dejarles algunas verdades. Los problemas de pareja, sexuales, sobre todo el vaginismo, suelen adjudicarse a una sola persona, en especial a la mujer, que es quien manifiesta el dolor o el impedimento. Aunque parezca trillado, no es así. Es un problema que se va consolidando con las responsabilidades y las comodidades de ambos. Nunca debe pensarse en una misma como única responsable, pero sí debemos pensar en la solución conjunta del problema y ser nosotras quienes marcamos el ritmo de la recuperación. Con ayuda, es un problema solucionable, que carece de justificaciones morfológicas, sí psicosomáticas, y más bien es un músculo que necesita ejercitación, y como tal necesita nuestro esfuerzo, compromiso y tenacidad. No se debe abandonar el tratamiento, se debe seguir con la seguridad de quien persigue una meta. Esta meta va mas allá de la sexualidad. Un día le dije a Vivi en el consultorio, yo siento que esto que he emprendido y logrado va más allá de la sexualidad y la pareja. Es por mí. Era un bloqueo interno que repercutía también en otras partes de mi vida.
Esto es una batalla personal. Es imprescindible conocerse, no conocía esa pequeña parte de mi cuerpo, estaba vedada, como negada. Ahora somos grandes amigas, mi vagina y yo, puedo describirla como a cualquier otra parte del cuerpo. Me concentro en ella cuando hago el amor con mi marido, la pienso, la siento, la miro mentalmente abrirse y ofrecerse.
La apertura de la vagina permite abrirse al mundo, tal como sucede con el nacimiento. Yo, a los cuarenta, me estoy abriendo al mundo.


Gracias Viviana, nos has ayudado a cambiar nuestra vida...


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Mujer de 26 años
Septiembre 2018

Hola Vivi! como lo prometí acá te adjunto una pequeña carta contando mi situación. la verdad no quería dejar de agradecerte todo lo que me ayudaste. ya pude tener relaciones con mi marido y es mucho mejor de lo que imagine. estoy muy contenta.

muchísimas gracias y espero volver a ir pronto!!


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Mujer de 30 años
Julio 2018


Crecí en el seno de una familia religiosa que me dio amor, y protección. Recuerdo mi infancia con felicidad.
Con el tiempo y luego de años de estudio me recibí de médica, y luego me casé.
Mi problema inicia con las molestias y dolores al intentar tener relaciones sexuales. No sabía qué me sucedía, pero sabía que algo no estaba bien. Vi a dos ginecólogas que me dijeron que solo era cuestión de tiempo. Y así pasaban los meses.
El hecho de ser médica no facilitó el proceso, creo que fue lo contrario.
Escuché de un tratamiento con tutores vaginales, pero de solo pensarlo me daba rechazo. Así, una tercer ginecóloga me recomienda la consulta con Viviana. Con mucha calma y dedicación, Vivi me explicó en qué consistía el tratamiento, Todo en un contexto de privacidad y respeto. No fue fácil, pero el trabajo se veía reflejado en los avances. Hubo malos y buenos días. Hubo muchas veces en las que quise abandonar, o perdí esperanzas. Pero la clave fue la perseverancia y fe. Creyendo que era posible, llegó el dia en que pude superar las dificultades.
Mis palabras van dirigidas a quienes aun no han podido superarlo, y el mensaje es de esperanza. Aprender a identificar el problema  y buscar una solución. No quedarse con el miedo, sino trabajar para vencer los temores.

Muchas gracias Vivi!!!!

Un abrazo!!


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Mujer de 32 años
Marzo 2017

Hola, mi nombre es Caro. Tengo 32 años. Casada hace casi 9. Soy emprendedora, independiente, súper sociable, no tenía traumas que me perturbaban. Por eso me costaba entender porqué me pasaba esto!
La verdad es que no se el porqué, pero pasó y había que solucionarlo.

Comparto mi experiencia por 2 razones:
  1. porque Vivi me ayudó muchísimo y su trabajo merece reconocimiento.
  2. Porque acudí a médicos ginecólogos y ninguno me dio una mirada clara y real sobre el tema. 

Así que me parece importante que sepan, quienes están en una situación similar a la que yo estaba, que hay solución y que lo mejor es afrontarla con seguridad; ¡Van a poder superarlo!

Yo tenía un vaginismo leve. Podía usar tampones, me hacía los chequeos ginecológicos anuales incluyendo ecografia transvaginal y el pap, pero no podía tener penetración en las relaciones sexuales.

Mi marido, súper paciente y comprensivo, aceptaba tener otras formas de relaciones y con eso estábamos bien. Sin embargo, al cumplir los 30, se me despertó la cuestión maternal y todo esto era un claro problema.

Estuve 2 años escribiéndome con Vivi por mail y nunca concertaba cita. Yo siempre decía que estaba muy ocupada con mi trabajo, con mis cosas y que “se me pasaba el tiempo”. Y literalmente así fue, demoré mucho en algo que finalmente fue muy sencillo y aliviador.

Siempre siempre puse en tema a mi marido. Él sabía de la búsqueda de solución, me alentaba y al mismo tiempo respetaba mis tiempos. Pero nunca lo mantuve afuera del tema. Esto se los súper recomiendo!

La primera entrevista fue clave! Me sentí cómoda para hablar, comprendida, súper contenida. Estuvimos unos 30 minutos hablando y fuimos al gabinete. Allí empezamos directamente el tratamiento que empezó con un reconocimiento vaginal (Chicas! Algo sumamente clave pero que en general no hacemos, por ende no nos conocemos!) para luego pasar a la parte que más me asustaba que era la introducción de tutores. Algo que, dada la gradualidad, no es traumático ni doloroso.

La verdad es que lo que más me gustó de todo es la naturalidad con la que Vivi habla, piensa y maneja el tema. Para ella es todo tan normal, que lo transmite. Todo el tiempo me alentaba y celebraba mis logros! Una genia!

Luego me fui a casa esperando la próxima sesión. Es clave hacer “la tarea”. Acompañar el tratamiento haciendo todo tal cual Vivi dispone. De esa manera vemos claramente el avance y ayudamos al proceso.

En la segunda sesión ya el avance fue clarísimo y me fui con 2 tareas: Hacer los ejercicios directamente con mi marido y, si me animaba, intentar la penetracion.
Me fui súper ansiosa! Con mi marido todo fue un juego, nos reímos, le pusimos nombre al tutor, así que todo era parte de divertirnos y pasarla bien. Así fue que, siguiendo exactamente los pasos de Viví y con la suavidad de mi pareja, lo logré! O diría mejor, lo logramos!

Así que en la tercera sesión celebramos y me dio tips claves para poder disfrutar más de las relaciones.

Mi tratamiento fue corto, no siempre es así, pero sea como fuese les aseguro que funciona y que el problema puede solucionarse con esfuerzo, voluntad y sin dolor.

Estamos disfrutando un montón de esta nueva sexualidad y yo me siento feliz de haber podido vencer algo que me perturbaba hacía tanto.






Mujer de 38 años
Febrero 2018

A causa de un inconveniente urinario, realicé una consulta médica en 2014. Sino fuera por eso, no hubiera revelado el problema que había advertido varios años antes, con mis primeras relaciones sexuales. No lo había comentado salvo con el ginecólogo, que me había recomendado una operación, cosa que no contemplé nunca y preferí seguir sin realizar las posiciones convencionales. Nunca había podido hacerme un pap sin llorar del dolor. Era un trauma cada visita para el control anual.
El urólogo me recomendó entonces un tratamiento de kinesiología en piso pélvico, que me ayudaría con ambas problemáticas. Luego de varios meses de sesiones, en los que primero fueron masajes externos, por la imposibilidad de que pudiera introducir el electro estimulador, consulté con una profesional de Buenos Aires, que me recomendó a Viviana Tobi.
La primera sesión fue personal, una entrevista en la que lloré mucho, a finales de 2016. Luego, ante el gran gasto y el trabajo me resultaba imposible viajar (vivo en una ciudad del interior), comencé sesiones vía skype. Me resultó una buena opción, por la vergüenza que me daba en forma personal realizar los ejercicios, para lo cual hacerlo on line me ayudó.
No digo que no me costó, al principio logré introducir una vela pequeña, luego otra más grande, con el paso de las sesiones lograba avances. Mientras, continuaba con la kinesiología en piso pélvico, con una kinesióloga de mi ciudad. En enero de 2017, por vez primera, puse usar un tampón. Le coloqué crema para evitar la aspereza que tiene. Fue un paso interior muy grande.
Así continué las sesiones, sí reconozco que me costaba hacer los ejercicios sola, por eso me ayudaba hacer el contacto por Skype porque te “obliga” a intentarlo. Fui probando primero con vaselina y como la piel parecía irritada, cambiamos con crema líquida dermaglos, lo cual mejoró la elasticidad. Fue todo prueba y error. Días que me resultó más fácil, días que no tenía ganas. Solo una amiga lo sabía, el resto desconocía mi padecimiento y no entendían por què estaba sola.
A finales de diciembre, fui tres días a sesiones personales con Viviana, donde ya el problema principal estaba resuelto, y vimos posturas y demás. Como las sesiones por Sype me habían permitido pasar la vergüenza, no me resultó incómodo.
A mediados de 2017, culminé el tratamiento con Viviana, luego de alcanzar el tamaño mayor de consolador. A finales de 2017, me animé a tener relaciones con alguien que no conocía, y determinar si había mejora. Si bien sentí molestia en la penetración y me constó relajarme (especialmente porque me cuesta hacer los ejercicios sola), pude hacerlo. Lo cual significó muchísimo para mí. Este tema me había impedido conocer a alguien después de mi ex, que fue mi primer novio y sabía todo. Este avance me permitió cortar emocionalmente con él, aunque hacía ya varios años que no estamos juntos. Y si bien la presente relación es ocasional y no estoy involucrada, puedo decir que me considero “normal”. Nada más y nada menos…






Julio 2017



Relato acerca del “Vaginismo”


Mi “problema” acerca del vaginismo comienza hace ya un tiempo, varios años. No sabría indicar con precisión cuantos ni ante qué hecho puntual se desató.
Estuve desde la adolescencia de novia con quien hoy es mi marido… 13 años juntos. Nos iniciamos en el camino de la sexualidad y ahora aquí estamos, redescubriéndolo.
En un principio todo era más bien normal pero con el correr de los años la situación empezó a complicarse. Empezaron los dolores, las contracciones involuntarias y con ello la insatisfacción. Sin embargo hacia un gran esfuerzo para que dicha dificultad no saliera nunca a la luz. Buscaba miles de excusas para justificar mi “mal desempeño”.
Las consultas con la ginecóloga me generaban también un estrés desmesurado. Tardaba muchísimo tiempo en sacar el turno porque sabía que se vendría el famoso “pap”. Nunca pude realízamelo ya que la sola idea de tener las piernas abiertas y ella introduciendo algo me producía rechazo, me retorcía en la camilla del dolor aunque solamente hubiera logrado introducir un hisopo para extraer una simple muestra. Todo esto aumentaba el ciclo de frustración e insatisfacción. No obstante, seguía barriendo debajo de la alfombra hasta que un día la ginecóloga me dijo que esto que me pasaba tenía un nombre y que era “vaginismo”. Me dijo que era una afección en las mujeres mucho más común de lo que yo podía pensar pero que nadie lo verbalizaba. Me recomendó por ende ir a un lugar en el que me ayudarían (Tobi Natal) con tan solo algunas sesiones, nada demasiado extenso. El temor de que en verdad estuviera teniendo UN problema empezó a dar vuelta a mi cabeza. De todas formas deje pasar un año y a la próxima consulta (y por supuesto no poder hacer el pap) la doctora me dijo que debía llamar a este centro lo antes posible.
Casualmente ese mismo año con mi marido empezamos a fantasear con la posibilidad de ser padres (ambos tenemos 27 años). Esto generó en mi mucha ansiedad y angustia ya que si “no entraba” era imposible pensar en un embarazo. Había comenzado ya a hacer un tratamiento psicológico para ver si algo de esto se podía destrabar pero no había tenido resultados hasta el momento por lo que la necesidad hizo que me contactara con Tobi Natal por primera vez.
Asistí al primer encuentro con muchísimas sensaciones: miedo, ansiedad pero por sobre todo angustia.  Allí me encontré por primera vez con Viviana y todo fue más fácil. Me hablo y me preguntaba acerca del sexo como nunca nadie lo había hecho; sin tapujos ni tabúes. Me resultaba raro pero me gustaba que alguien me comprendiera y no me juzgara. Nunca había hablado del tema con nadie por lo que en las semanas subsiguientes estaba muy sensible, lloraba por todo.  No sabía muy bien todavía a qué iba ni qué iba a hacer ya que no había buscado mucha información sobre el tema por miedo a que eso me haga dar un paso hacia atrás.
La segunda sesión fui con mi marido quien relato su experiencia hasta el momento…algo difícil de escuchar también ya que en él también había insatisfacciones. Por más de que yo hiciera mucho esfuerzo era evidente que algo pasaba.
Y así fue como Viviana comenzó a hablarme de a poco de los “tutores”. Lo hacía con mucha cautela y respeto (creo que por mi cara de miedo). Nunca me sentí incómoda aun estando prácticamente desnuda en ese espacio.
Poco a poco me fui conociendo hasta en mi fisionomía. Me mire y me dibuje por primera vez e increíblemente descubrí muchas cosas… Luego fuimos probando con distintos elementos. El primero fue una pequeña vela… del tamaño de un dedo. No era fácil ya que no conocía el mecanismo. Me enseño a hacerlo pero al llegar a mi casa y tener que practicarlo no pude. Llore todo el fin de semana…pensaba que no había podido superar ni siquiera el comienzo… esto sería eterno y no tendría solución….
Cuando volví le conté lo que me había pasado y ella me entendió pero me tranquilizo. Me dijo que era normal pero que lo íbamos a volver a intentar. Al introducirlo me marcó que lo estaba haciendo mal, me corrigió y así entro sin dificultad. No lo podía creer!
A medida que las sesiones corrían iban aumentando el tamaño de los tutores. En un principio me dolían pero luego podía introducirlos sin dificultad. Hasta que llego el ultimo! Increíblemente había llegado al final del camino en prácticamente 8 sesiones. Fue ahí que Viviana me indico que podíamos comenzar a practicar con mi marido (durante todo este tiempo no era recomendable).
El primer acercamiento fue muy lindo ya que si bien teníamos ganas de intentarlo estábamos o estaba muy nerviosa. Fuimos de a poco hasta que finalmente entro ¡!! No podía creerlo! Si bien sentía dolor  lo había logrado! Ese dolor era el mismo que sentía al iniciarme con un tutor nuevo por lo que es esperable que desaparezca y así será…
Siempre estaré agradecida a Viviana quien me acompaño a lo largo de este proceso con muchísima paciencia, esfuerzo y dedicación. Siempre tuvo una palabra de aliento en los momentos en los que más lo necesitaba, en esos que pensaba que no lo iba a lograr…
En la última sesión practicamos poner el especulo e increíblemente logre hacerlo también. Ahora será cuestión de volver a la ginecóloga y demostrarle todo lo aprendido…

 Comparto
La nota a la que aluden algunos testimonios fue publicada y escrita por la periodista Fontdevila en la  página de Clarín digital: www.entremujeres.com

Testimonio Nº1

"Tengo 33 años y hasta hace un mes nunca había tenido relaciones sexuales con penetración vaginal.
Voy a aclarar ciertas cosas de entrada que para algunas personas pueden no venir al caso pero a otras le pueden servir: soy atractiva (de hecho creo que todas las mujeres lo somos si aprendemos a mostrar lo mejor de nosotras mismas), soy alta, simpática y por cierto, bastante “calentona” en el plano sexual.
Resulta que mis padres son originarios de la zona del medio oriente y me educaron de una manera conservadora. Nada de novios ni besuquearse con los chicos en el colegio. “Esas cosas son para otra clase de chicas, no para vos”. ¡Como si yo fuera de otro planeta! Obviamente, tenía compañeros que me gustaban y suspiraba por los actores adolescentes de la tele y los jóvenes cantantes famosos de turno.
A los 12 años tuve mi primera menstruación. En el cole nos dieron clases de educación sexual, pero en mi época eran bastante básicos y no recuerdo que algo de esas charlas me haya servido.
La cosa es que estaba en pleno hormonazo y como una prima me había enseñado cómo masturbarse (siempre aparece una primita que se las sabe todas…) a los 14 años empecé a buscar placer con la ayuda de mi querido colchón. Me encerraba en mi cuarto por un par de minutos, ya que a esa edad no se dispone de mucha privacidad, y así fue como empecé a tener mis primeros orgasmos por frotación en el clítoris. Sí, señor. La masturbación no es sólo para los varoncitos.
Durante todo el secundario, mientras mis compañeras andaban “transando”, noviando y vaya a saber qué otras cosas más, yo me convertí en la linda intocable, la figurita difícil. Los pobres valientes que se me acercaban con alguna intención eran rebotados como pelotas de basket. Si bien soñaba con estar de la mano con alguno, que me abrazara y estuviera conmigo, era como una cosa más platónica, no quería el contacto físico/sexual porque eso “no estaba bien”.
A partir de los 18 años me estaba permitido ir a boliches, siempre y cuando fuera con un grupo de amigas. Salía casi todos los sábados. La pasaba genial con mis amigas, bailábamos, tomábamos… pero con los hombres yo seguía siendo “la difícil”. Me convertí en una perfecta “histérica”: mírame y no me toques.
Creo que fue a los 21, que me relajé un poquito y empecé a besuquearme con algún que otro chico en fiestas de la facultad. Con uno llegué a salir por casi 2 meses. Anduvimos a los besos todo el tiempo y cuando empezó el manoseo, si bien lo disfrutaba, empecé a sentir una especie de temor al saber que el próximo paso era ir a la cama. El temor era en realidad quedar expuesta con una falta total de experiencia en esa área, que descubriera que todavía era virgen y, además, el famoso “dolor” de la primera vez.
Seguí así hasta los 25 años. Fue entonces cuando apareció un morocho fantástico que resultó ser el hombre de mi vida. Muy tierno, se me acercó de a poco y estuvimos de novios durante ¡7 años!
El venía muy canchero, había tenido varias relaciones anteriores, mucha experiencia en la materia. Y tal vez, de alguna manera, esto avivó su interés ya que cuando fuimos por primera vez a un hotel alojamiento y yo sentí la necesidad de contarle que todavía era virgen, él se lo tomó de una manera muy natural. Yo quería que la tierra me tragara, porque a esas alturas no lo sentía como una virtud, era como una especie de karma.
A pesar de que él me hacía sentir muy cómoda y no me apuraba, yo tenía miedo. Miedo a que me doliera mucho, a que me sangrara y no sé a qué más. Resulta que este temor que sentía era algo que, si bien me pasaba en la cabeza, me generaba una reacción física. O sea, el temor hacía que yo contrajera mi vagina con mucha fuerza, lo cual obviamente hacía imposible cualquier tipo de penetración.
Como la química que tenía con mi novio era increíble, de alguna manera nos las ingeniamos para pasarlo bomba en la cama sin tener penetración vaginal (sí, él me ama y tiene una paciencia infinita). Bueno, no voy a explicar todas las cosas que hacíamos en la cama pero sí voy a decir que resultamos ser muy creativos y los dos pudimos tener orgasmos durante todo nuestro noviazgo.
Sin embargo, los años pasaban y a pesar de pasarla muy bien con mi novio, yo sabía que tarde o temprano tenía que resolver este problema. Porque era un problema y tenía un nombre: vaginismo. Investigué un poco sobre el tema en Internet, hice intentos fallidos de ponerme tampones, hasta que tomé coraje y empecé a ir a una psicóloga para hacer terapia. Hablé mucho sobre la raíz del problema que era ese famoso temor al dolor. La terapia me hizo bien, pero llegó un punto que tenía que dar otro paso más: tenía que ir a la práctica.
Con mi novio ya estábamos a full y decidimos casarnos. Tal vez eso me hizo sonar una especie de alarma interna porque por dentro me dije: “No me quiero casar virgen! Eso es del siglo pasado!”.
Por casualidad o causalidad (estas cosas no pasan porque sí) navegando por Internet encontré una nota que hablaba sobre “Nuevas terapias a favor del placer femenino”. Me puse a leer por curiosidad y vi que hablaba sobre problemas sexuales. Por lo general, siempre se habla de dificultades para alcanzar el orgasmo, cosa que a mí no me interesaba en absoluto, pero me llamó la atención que en la misma nota se mencionara el vaginismo. La profesional entrevistada era Viviana Tobi. A través del buscador llegué a su sitio web, anoté el número de teléfono y me animé a llamar para pedir una entrevista.
Desde el minuto cero el trato fue muy cordial y me hicieron sentir muy cómoda. Esto es muy importante porque al ser mi problema algo de lo que no se habla por vergüenza, antes que nada una necesita sentirse contenida.
Mi tratamiento empezó con una charla sobre mis experiencias previas e incluyó un reconocimiento de mi vagina a través de gráficos y mirándome frente a un espejo. Luego fui probando de a poco con pequeños tutores del tamaño de tampones. Yo nunca me había introducido ni siquiera un tampón, así que se imaginan mi alegría la primera vez que pude hacerlo.
¿Cómo hice? La verdad es que en mi caso fue como un combo entre las charlas con Viviana, los ejercicios en casa y especialmente la relajación a través de la respiración. Esto fue clave para mí. Lo que yo siempre hacía era contener la respiración y automáticamente (¡ay, el poder de la mente!) contraer los músculos que rodean la vagina lo que imposibilitaba cualquier tipo de penetración. Al respirar de manera rítmica y pausada, me ayudaba a relajarme. A veces me ponía un pequeño vibrador al lado de la vagina. La vibración me hacía relajar aún más los músculos.
¿Y el dolor terrible? ¿Y el sangrado? ¿Y el himen que tiene que romperse? Increíblemente me di cuenta que todos eran mitos. Toda la vida pensando que iba a sentir un dolor terrible… tengo que admitir que a veces me dolía un poquito, pero no era un dolor era más bien una incomodidad y además, esto sucedía solo cuando yo contraía involuntariamente los músculos. Apenas exhalaba el aire y relajaba los músculos, la incomodidad desaparecía. Además en mi caso no hubo sangrado. Mi himen hacía rato que se había había esfumado y yo no tenía ni idea. Tal vez por las masturbaciones, tal vez por mis clases de danza, quién sabe… qué importa! Estaba feliz.
Con el correr de los días me fui animando a probar cada vez con tutores más grandes. La cosa empezó a ponerse divertida. Viviana me sugirió probar con unas zanahorias y me fui a la verdulería a elegir mis tutores! Les ponía un preservativo y me los introducía con la ayuda de un poco de aceite.
Mi objetivo era lograr introducirme una hortaliza que tuviera un tamaño similar al pene de mi marido, así que cuando lo logré me dije “Listo, si entró esta zanahoria el pene de mi marido puede entrar tranquilamente!”. Y así fue.
Fue un momento muy emocionante para los dos. El “paso” de mis tutores al pene de mi marido se dio de una manera natural. Tal vez haya influido el hecho de que yo lo hice partícipe de mi tratamiento contándole mis pequeños logros e incluso mostrándole cómo me introducía los tutores. Esto también le debe haber dado cierta tranquilidad a él, al ver que era posible para mí y que no me dolía y no me resultaba traumático.
Ahora estamos disfrutando (¡como adolescentes!) y probando distintas posiciones para ver cuáles nos gustan más. También sigo aprendiendo sobre mí misma, descubriendo de qué forma estoy más cómoda y siento más placer.

La verdad es que me siento orgullosa de mí misma y quiero contagiar mi alegría y mi fuerza a todas las mujeres que tienen este mismo problema.

Dos frases más (muy trilladas tal vez pero que hoy adquieren un nuevo valor para mí). Se las dedico especialmente a estas mujeres:

Se puede.
Nunca es tarde."

Testimonio Nº2


"La verdad es que no sabia como empezar, pero sabia que debia hacerlo, principalmente para decirte GRACIAS!!!!!!


Fue un camino largo, con incertidumbres, decepciones y sobre todo una carga emocional muy dificil de llevar.


Pero como siempre DIOS pone en nuestro camino, la herramienta necesaria para poner en marcha nuestro motor y muy sabiamente te puso a vos en el mio.


A vos que supiste no solo escucharme y contenerme, sino tambien darme la confianza necesaria para creer que podia hacerlo, para entender que solo de uno depende .Es una satisfacción personal terminar algo que costó mucho ,aprendí de mis temores, conocí cual es mi verdadero potencial y descubrí que la vida es más bonita cuando se trabaja por las cosas que uno quiere junto a personas de buen corazón.




GRACIAS y mil gracias!!!!! Quizas la vida en algun momento nos vuelva a  encontrar....


Te mano un abrazo Grande!!! "


Testimonio Nº3


Después de casi 10 años de matrimonio y sin poder consumarlo, decidimos buscar ayuda.
No sabíamos por dónde empezar, no es un tema muy hablado.
Por un artículo de una revista en internet, llegamos al Centro de Viviana Tobi.
La primera sesión fui con mi marido. Fue una charla muy amena, nos sentimos contenidos y escuchados; era la primer persona con la que hablábamos del tema. Pudimos contarle nuestras experiencias y nuestra angustia. Vimos un video de un caso como el nuestro, que nos sirvió para darnos cuenta que no éramos los únicos con ése problema, y a la vez nos dio esperanza de que había un tratamiento que lo solucionaba. Sentimos que Viviana nos podia ayudar.
A partir de la segunda sesión fui sola, la misma fue de aprendizaje del cuerpo -uno piensa que lo conoce, pero a veces no es tan así-... a mí me ayudo mucho, conocer o refrescar mi anatomía. Algo tan simple como eso fue importantísimo. Cómo relajar mi cuerpo, la respiración.
A partir de la tercera sesión, pusimos en práctica lo que para mi era imposible. Aprendiendo a controlar los músculos. Cómo contraer y relajar los músculos de la vagina. Cómo controlarlos.
En algunas sesiones lograba avanzar mucho y en otras no tanto, pero Viviana siempre encontraba alternativas para que no me desanimara. Siempre hay una alternativa.
Cuando hacía los ejercicios en casa, muchas veces no lograba lo que quería y me angustiaba, pero eso no me desanimó para seguir adelante.
En una sesión Viviana me dijo:  "Hay un momento en que hay que respirar hondo y avanzar." Me hizo dar cuenta que no me estaba animando a mas.
Nos fuimos de vacaciones, y me puse como objetivo consumar mi matrimonio. En cada encuentro lograba avanza más, hasta que un día lo logré. No lo podía creer, pero lo logré. Se puede.
Quiero agradecer profundamente a Viviana por la paciencia y la cordialidad que me brindó.
Antes de conocerla estaba paralizada sin saber qué hacer, ella me ayudó a avanzar. Estoy FELIZ!
No lo duden, consulten. Tiene solución y esta más cerca de lo que uno se imagina.
Muchas muchas gracias!!! 



Testimonio Nº4



Hola Viviana,
 Ante todo, quiero agradecerte infinitamente por el apoyo y la ayuda que me brindaste en todo momento (desde el primer mail). Siempre me transmitiste tranquilidad y confianza y la idea de que mi problema “tenía solución”.
 Empecé leyendo un relato similar al que estoy escribiendo. Si bien cuando empecé el tratamiento con Viviana ya había tenido algunas experiencias sexuales (con varias parejas diferentes), la penetración fue algo que siempre me costó mucho: ni la desnudez ni la masturbación ni la pornografía. Sólo la penetración.
 El tema es que hace 2 años que estoy de novia con un chico. Si bien teníamos encuentros sexuales regulares,  éstos no incluían penetración. Mi novio me tuvo toda la paciencia del mundo con este tema, pero claro, el “tema” en un momento se tuvo que exteriorizar y charlar. Y así fue. Lo charlamos. Le conté lo que me pasaba (por primera vez lo hablé con alguien) y juntos decidimos que era buena idea consultar con una profesional. De hecho, fue él quien encontró el relato de otra paciente de Viviana y me lo pasó para que lo leyera.
 Algo importante que quiero resaltar: en este tratamiento (como en cualquier tratamiento, pero más en este!) es muy importante contar con el apoyo de tu pareja. Yo siempre me sentí muy cómoda con Martín y sentí que los tiempos los manejaba yo. Nunca hubo presión y eso me ayudó mucho.
 Volviendo al tratamiento. La primera sesión con Viviana hablé por primera vez del tema con detalles. De algo estaba segura: si quería “recuperarme”, tenía que ser 100% sincera. A partir de la segunda sesión, comenzamos con la parte práctica (usamos dilatadores de distintos tamaños que van del 1 al 4 y que fui utilizando para penetrarme, pero previamente hacía ejercicios de relajación y de conocimiento de mi propio cuerpo).
 No sé por qué fue tan rápido, pero el primer día de práctica pude usar dos tamaños de dilatadores. Bien, no? Entre sesión y sesión practicaba en casa los ejercicios de relajación y de penetración. Al principio sola y después lo empecé a invitar a mi novio para que “viera que podía”. La segunda sesión de práctica pude usar los dilatadores 3 y 4. O sea, en dos sesiones había logrado practicar con todos los dilatadores (en el consultorio y en casa!).La tercera sesión de práctica seguí probando el dilatador más grande y, además, probé varias posiciones. Ya para la cuarta sesión había logrado practicar con mi novio en casa. Y ya tengo “el alta”!!!!
Creo que la clave para salir adelante fue hablar del tema, conocer mi cuerpo con más detalle, y practicar... sobre todo eso!
Por ahora, sigo “ejercitando” previa relajación de los músculos, pero la verdad es que la estamos pasando muy bien, mucho mejor. Siento que, si bien la pasábamos barbaro antes, la penetración mejoró mucho los encuentros. Y me relajó


 Nuevamente Viviana, muchas gracias por todo (de parte de los dos!)

Testimonio Nº5




Yo Puedo! Fue lo primero que me salió decir en la primera sesión, cuando empecé a tratar mi pequeño problema.
Realmente sentía eso, quería poder, tenía ganas de poder, ganas de superarlo, ganas de disfrutar.
Estuve 3 años de novia, sentía  que era el amor de mi vida, teníamos mucho en común, y disfrutábamos del sexo de una manera particular. Siempre pensé que nuestra forma de tener intimidad era la correcta, por desconocimiento, por confianza en él, por poco interés, tal vez, hasta que descubrí que no era así.
Al separarme de él, conocí una persona hermosa, que me hizo sentir cosas profundamente importantes, nos conocimos, nos gustamos, nos empezamos a querer, y pasado un tiempo decidimos tener un encuentro sexual.
Intentamos una vez, en su casa, pero no pudimos. Pensé que era porque era la primera vez que estaba con otro hombre que no era mi ex novio, me sentí frustrada, más por él que por mi, porque el me había expresado cuántas ganas tenía de estar conmigo y yo quería cumplir sus expectativas, pero no salió nada bien.
Él me encanta, lo deseo mucho, pienso en él constantemente, quiero y tengo ganas de hacer realmente el amor con él, me atrae y además lo quiero como a nadie.
A los pocos meses, seguíamos enganchados, con buena onda, conociéndonos más, decidimos probar de nuevo. Fuimos a un hotel, como para cambiar el ambiente y poder lograrlo. Intentamos de todas las manera posibles, pero no tuvimos éxito. Tuvimos? En ese momento me di cuenta que el problema lo tenía yo, mejor dicho que el problema era YO.
Entre la angustia y las ganas de estar con él, de sentirme una mujer, empecé a buscar en internet si había alguna explicación a lo que me pasaba. Descubrí que lo que tenía se llamaba vaginismo y que no era nada grave.
Buscando en internet, encontré una nota en la que una chica relataba cómo había sido su experiencia y qué había hecho para tratar su problema de vaginismo. Me sirvió tanto su relato que decidí inmediatamente comunicarme con la Licenciada que ella había nombrado en la nota y con la cual había tratado el tema.
Un miércoles fue mi primera sesión, recuerdo que fui con muchas ganas, con nervios, pero más ganaban las ganas de revertir mi situación, porque realmente para mi era un problema, que no me dejaba disfrutar, y por consecuencia no me dejaba ser feliz. Fue tan grande la ayuda de Vivi, sesión tras sesión, que me dio la confianza que necesitaba para creer en mi y confirmar lo que había dicho la primera vez, ese famoso yo puedo. Fui probando en las sesiones distintos tutores, distintos tamaños, distintas posiciones.
Cuando pasaron más o menos 2 meses, sentí que estaba preparada para probar con mi chico. Y así fue, fue el mejor momento de mi vida, lo disfruté tanto, estaba tan entusiasmada, con tantas ganas de estar con él que fue tan simple hacerlo, poniendo en práctica todo lo que había aprendido, pudimos hacer de ese momento que antes nos había costado tanto, un momento especial, tan placentero que parecía irreal, por lo menos para mi.


Gracias a la ayuda tan importante que me brindó Vivi, hoy disfruto del sexo de la mejor manera, aunque me falta mucho por aprender y sumar experiencia, hoy puedo decir que soy feliz!

Testimonio Nº6


Tengo 23 años y hace casi 4 años que estoy de novia. Hace una semana que pude lograr mi objetivo de poder tener una relación sexual con penetración.
Volviendo al principio de mi historia, no había tenido mucho contacto con la sexualidad, ni propia ni con una pareja, hasta que a los 19 años me puse de novia. A los meses de empezar a salir decidí empezar a tomar pastillas anticonceptivas para poder atravesar mi primera relación sexual con mas seguridad y menos miedos. Pero me di cuenta que si bien físicamente estaba preparada, había un tema mental que me impedía concretar la situación. Le tenia pánico a la penetración, bastaba que se aproximara la situación para que me ponga nerviosa y esperara que pase rápido ese momento de incomodidad. El resultado fue una frustración continua cada vez que lo intentábamos, y la disminución de los intentos para evitar ese momento.
Esto no impidió que nuestra relación siguiera creciendo, mi novio siempre fue muy comprensivo, y con el tiempo fuimos adoptando otras formas de relacionarnos sexualmente.
Empecé a darme cuenta que esto era realmente un problema cuando intente tener un control ginecológico y no pude tolerarlo.
En una nueva consulta, hablando con mi ginecólogo, me dijo que mi problema tenía nombre, era vaginismo.
Después de unos meses, googleando la palabra, pude encontrar un testimonio de una chica a la que le pasaba lo mismo que a mi y que había encontrado la solución junto a Viviana Tobi. A partir de ese momento deje de sentirme un bicho raro. Le mande un mail a Viviana, y a pesar de que quería patear el tratamiento para las vacaciones, y concentrarme en la facultad, Viviana me ayudo a dar el paso para dejar de postergar mis asuntos personales.
Desde el primer día del tratamiento me sentí super cómoda. Sesión tras sesión iba avanzando con el tamaño de los tutores y perdiendo de a poco el miedo. Y sobre todo iba conociendo una parte de mi que nunca había explorado. También aprendí a incorporar ejercicios de relajación, no solo para el tratamiento, sino también para mi vida en general.
Todos los ejercicios que hacíamos en las sesiones los iba reforzando con ejercicios en mi casa. Me di cuenta del avance cuando logre ponerme un tampon, algo que en un principio me parecía imposible.
Cuando llegue a la décima sesión decidimos que ya estaba lista para volver a hacer un intento con mi novio. Si bien se nos complicó un poco las primeras veces, con tiempo logramos hacerlo. 
Estamos mas que agradecidos a Viviana ya que sin ella nada de esto hubiese sido posible. No se desalienten, no piensen que el problema no tiene solución, porque realmente la tiene! Espero que les sirva mi experiencia. 

Testimonio Nº7




Espero que este pequeño relato sea útil para otra mujeres y que las aliente a seguir en esos momentos en los que parece que nada resulta.
Para entrar en tema diré que mi problema comenzó básicamente por mi baja autoestima y mi educación tan cerrada que hicieron que postergara todo contacto con el sexo opuesto. Cuando finalmente quise tener relaciones me di cuenta de que no podía, incluso me resultaba imposible introducirme un tampón.
Después de mucho tiempo de tapar el problema con otras cosas, conocí a un hombre que me impulsó a buscar ayuda y "casualmente" leí en internet un artículo en el que una mujer hablaba de un problema similar al mío.
Me sentí identificada porque además la mencionada mujer tenía casi mi edad, superaba los treinta años y pensé que mi caso no era tan raro como yo creía.
Al principio llegué con muchas dudas, miedos y un poco de esperanza. En las primeras sesiones me parecía imposible superar este problema. Recuerdo que le decía a Vivi "esto no se estira, mi vagina no es elástica". Pero por suerte estaba equivocada.
Hacía los ejercicios todos los días. A veces avanzaba y otras veces no. En algunos momentos me sentía frustrada pero seguía adelante y en tan sólo dos meses logré mi objetivo!
Mi primer experiencia fue buena, tal vez no lo que yo esperaba, pero como siempre digo, para mejorar hay tiempo y seguimos practicando!!!!
Mi vida cambió en muchos sentidos porque superé un problema que arrastraba desde hace años y esto hizo que sintiera más confianza en mí misma e incluso mejoró mi autoestima, algo que me parece increíble!!!
Por eso les digo, a quienes están atravesando una situación parecida, que se puede!!! Sólo hay que tener paciencia y seguir adelante!
Por último, quiero agradecer inmensamente a Viviana y a todo el equipo de Tobi Natal por apoyarme en todo momento.

Bueno, Vivi, una vez más gracias! nos vemos pronto. Besos!


Testimonio Nº8

Mi historia comenzó a los 17 años, edad en la que decidí tener mi primera relación sexual con mi novio. Ya habíamos cumplido dos años juntos, me sentía muy segura con el y estaba muy enamorada. Pero ahí mismo fue cuando encontré este problema que tanto tiempo me llevo resolver. Si bien teníamos encuentros y relaciones sexuales, nunca pudimos lograr la penetración debido a mis dolores. La sensación era insoportable, como si algo no funcionara naturalmente como debía ser.
Por dentro recordaba todas las experiencias que había escuchado y pensaba que sería algo pasajero, que con el tiempo y los intentos lograríamos consumar la relación. Pero eso no ocurrió. Tengo que resaltar que mi pareja de ese momento siempre me acompaño y me comprendió, nunca me presiono ni hizo que me sintiera mal por la situación, pero la incomodidad y la frustración que sentía eran inevitable.
Así fueron pasando los meses, los años, seguíamos divirtiéndonos a nuestra manera pero no podíamos lograr la penetración. Me sentía muy mal como mujer. Incompleta. No sé realmente cual es la palabra, pero había algo que no estaba funcionando. También quiero contarles que si bien nunca hable abiertamente este tema con mi familia ni con mis amigas, soy una persona normal,  cero conservadora o tímida, me gustan muchos los hombres y el sexo es algo que siempre tome con naturalidad. La cuestión es que el tiempo siguió pasando y aunque jamás priorice el sexo en nuestra relación, creo que sumado a un cumulo de otros motivos éste problema que teníamos fue determinante en nuestra separación.
Realice varias consultas ginecológicas y en todas ellas mi doctora me decía que estaba perfectamente todo y que solo era "miedo", que relajara y lo iba a lograr. Con tantas dudas en mi cabeza, me planteé que quizá esto era culpa de los dos, asique nos separamos.
Posteriormente conocí a otros chicos, pero el miedo a intentar y volver a fracasar impidieron que avanzara. Tenía terror a que vuelva ocurrir, y con ellos no tendría la misma confianza que con mi ex novio, asique de esta manera fui perdiendo varias oportunidades.
Un día decidí cambiar de ginecóloga y al contarle toda mi historia fue muy directa, mi problema tenía nombre: vaginismo.
Sin saber mucho del tema, empecé a buscar por internet y encontré una nota de una chica que contaba una historia muy parecida a la mía y como lo había resuelto. Era una nota de Clarín hacia Viviana Tobi.  Pero me faltaba valor para afrontarlo. Leía una y otra vez la nota, todos los testimonios sobre vaginismo en distintos foros y aunque sabía que era exactamente lo que me pasaba, no lo asumía.
Finalmente el año pasado y ya con 22 años, conocí a uno que me gustaba mucho. Me enganche bastante con él y decidí avanzar.  Pero cuando intentamos tener nuestra primera relación, otra vez volvió el fantasma del miedo y no pudimos consumar. Era imposible y nuevamente la sensación de frustración me abrumó. Pero esta vez fue distinto. Estaba tan enojada conmigo misma que me prometí hacer lo que sea para resolver este problema. Así fue que le escribí un email a Viviana contándole brevemente mi historia y acordamos una primera sesión.
Viviana escucho todo esto que les estoy contando y me conto cual era el tratamiento a seguir, asique ya en la segunda sesión empezamos con el trabajo. Tenía muchísimas preguntas con respecto al sexo y a todo esto que ocurría, pero Vivi siempre supo despejarme todas las dudas.
Muy comprometida con mi objetivo, comencé a seguir paso a paso las indicaciones que me daban. Primero conocerme bien, y luego intentar ir  más allá. Después de mucha relajación y ejercicios de respiración y contracción muscular, lo primero que logre introducir fue un dedo. Quiero aclarar, que jamás lo había logrado anteriormente. Ni un tampón podía utilizar. Viviana me mostro una película en la cual detallaba bien lo que íbamos a hacer. Con el uso de geles, y cremas logre pasar al tutor número 1 y luego al 2. Pero me resulta sumamente importante comentarles que el trabajo no solo es durante el tiempo que dure la sesión, sino que también en casa. Tuve que encontrar un lugar y un momento para relajarme y seguir practicando  lo que había logrado en las sesiones. Cada encuentro era avanzar un poco más, con un tutor mayor, y seguir ejercitando en casa. Así fue como llegue al número 3, un tamaño real de hombre. También me compre un consolador! Si, quizá resulte muy vergonzoso para la mayoría de nosotras pero estaba tan decidida a cumplir mi objetivo que con mi nuevo "amigo" practicaba mínimamente 3 veces por semana. Además practicábamos posiciones para llegar más “entrenada” a ese momento.
Finalmente, luego de un impasse en la relación que había comenzado, se dio la oportunidad de concretar con el chico que tanto me gustaba y adivinen qué? Pudimos!! Ese mismo día había asistido a una sesión con Viviana, por lo cual intente seguir el "protocolo" que armamos, y salió todo más que perfecto. No puedo quejarme, después de tantos intentos truncos, esta vez se me dió.  Mi chico nunca supo todo el proceso que había estado viviendo, y aunque decidí contarle (muy por arriba) no fue nada trascendental. Asique ahora si pude decirlo: objetivo cumplido.
Seguí con las sesiones hasta llegar al tutor más grande, el temido número 4. Asique una vez más, puedo decir que logre culminar el tratamiento. Quiero destacar, que cada paso que iba dando, cada tamaño nuevo, era difícil y doloroso. Pero por supuesto nada que no se pueda aguantar.  Es fundamental la práctica en privado, para poder seguir profundizando el logro de cada sesión. Además de esta manera nos vamos conociendo más a nosotras mismas.
Muchas veces me pregunte ¿Porque a mí? ¿Porque algo tan simple y natural como el sexo se torna tan complicado y frustrante? Pero haciéndome estas preguntas no iba a lograr nada más que deprimirme. El primer paso es asumir la situación y el segundo ver cómo resolverlo.


Creo fehacientemente que el logro del tratamiento radica en la fuerza de voluntad de cada una, aunque no puedo dejar de destacar a Vivi, quien de la forma más dulce hace que algo tan incómodo se torne natural. Sin dudas sin vos jamás podría haberlo logrado, porque lo que parece tan simple en realidad no lo es. Todas las charlas y los consejos fueron una parte importantísima del proceso. Se necesita paciencia, tranquilidad y ganas pero lo más importante es saber que se puede. Este problema tiene solución y depende de cada una poner lo mejor de sí para superarlo!

Testimonio Nº9

 Antes de comenzar a contar mi experiencia querría aclarar algunas cuestiones de mi vida personal. Tengo 24 años y hace 7 que estoy de novia. Si bien antes de mi actual pareja tuve otros novios, nunca pasaron de un par de besos adolescentes. Con mi pareja tenemos una muy buena relación, nos amamos y conocemos mucho. Creo necesario decir esto para dejar en claro que no hay nada en nuestra relación que pueda impedir que tengamos relaciones sexuales. En nuestra intimidad todo siempre iba bien hasta llegar al momento de la penetración. Cuando él me tocaba yo sentía que algo se cerraba y que por más que yo intentara relajarme, no podíamos avanzar. Luego de varios años de intento, de desilusiones y de visitar a la ginecóloga, quien me sacó la duda de no tener un problema o impedimento físico, decidí ir más allá. Comencé buscando en Internet, donde descubrí que no era la única que pasaba por esto y que tenía solución. En la búsqueda me encontré con el nombre de Viviana Tobi, psicóloga, sexóloga y psicoterapeuta corporal. Comencé a ahondar más en su trabajo y luego de leer artículos y conocer su lugar de trabajo por medio de la web, decidí llamarla. En Octubre de 2012 tuve mi primer encuentro con ella. Antes de llegar estaba muy nerviosa. Soy muy reservada y me cuesta bastante poner en palabras lo que siento. Al entrar al lugar me recibieron de la mejor manera y Viviana me hizo sentir muy cómoda. Luego de una hora de charlar con ella y contarle mi situación, me tranquilizó diciéndome que podía ayudarme. Solo necesitaba estar decidida a avanzar, a entregarme a sus prácticas y sobre todo a poner el cuerpo. En los primeros encuentros Viviana me contó acerca del vaginismo, dificultad de realizar el coito debido a la contracción involuntaria de los músculos de lavagina. Me mostró videos e imágenes que me permitieron entender qué era lo que me estaba sucediendo y me enseñó un ejercicio de respiración para reeducar mis músculos y poder conseguir la relajación voluntaria de los mismos. Luego de pocos encuentros llegó la hora de pasar a la práctica. Viviana me presentó tutores de distintos tamaños que se van introduciendo en la vagina de menor a mayor a medida una vez que una está preparada para hacerlo. El primero de ellos era de un tamaño menor a un tampón. Por cierto, yo jamás había logrado colocarme uno. Yo sentía miedo, porque creía que era imposible que eso ingresara en mi vagina. Lo llevé de tarea a mi casa. Me preparé, intenté relajarme y comencé con la práctica. Si bien no pude introducirlo por completo, luego de varios intentos, con ayuda de Viviana y por mi cuenta, lo logré. En cada encuentro intentábamos avanzar y progresar en la práctica. Quiero aclarar que me costó mucho llegar al punto en el que estaba cómoda a la hora de introducir un tutor ya que lleva práctica y trabajo. Pero una vez que lograba pasar a un nuevo tutor y que los pliegues de la vagina se acostumbraban a un nuevo tamaño la sensación de “dolor” que sentía, desaparecía. Viviana me enseñó algunos trucos, además de la respiración, para que el momento no fuera incómodo para mí, como utilizar vibradores y cremas o aceites. Creo que la solución se fue dando con la conjunción de respiración y relajación, tutores y, sin duda, práctica constante. Por otro lado, a medida que el tratamiento avanzaba, Viviana me mostró un aparato que mide la contracción y la relajación de los músculos de la vagina. Una vez que logré introducírmelo pude ver, a través de una máquina, cuan contraídos estaban mis músculos y con la práctica pude ir relajándolos voluntariamente.

Luego de unos meses de tratamiento logré el momento tan esperado con mi pareja. Si bien nos costó bastante, no sufrí el dolor que pensaba que iba a sentir. Las cosas se fueron dando y fue maravilloso. Tres meses atrás no hubiera imaginado avanzar tanto… Había estado siete años intentando algo que pude solucionar en pocos meses.
Por mi experiencia personal considero esta terapia excelente y la recomiendo a aquellas que pasan la misma situación que viví yo. Es un proceso difícil pero muy efectivo y si bien hay altos y bajos durante el tratamiento, todo lo vivido fue positivo para mí.
Posteriormente a haber logrado tener relaciones sexuales con penetración con mi pareja Viviana nos invitó a ambos a tener una charla con ella para contarle nuestra experiencia a lo largo del proceso. Creo que esa instancia nos sirvió mucho a los dos para avanzar un poco más. Planteamos dudas, intereses y Vivi nos ayudó a relajarnos aún más, probando cosas nuevas. Considero que ese encuentro consolidó más nuestro camino.

Ambos estamos muy felices de habernos cruzado con Viviana Tobi y su equipo!!!
Solo hace falta animarse J


Testimonio Nº10


Voy a empezar por el final de la historia, o quizás el principio, depende desde que punto de vista mire la situación. Hace casi 5 años que estoy de novia, y en el día de ayer pudimos finalmente tener relaciones. No salió perfecto, pero salió mejor de lo que ambos esperábamos. Es una extraña sensación. Mi novio la definió perfectamente: “Siento que nos acabamos de sacar una gran presión encima.”

Siempre supe que iba a tener problemas en esta área de mi vida. Siempre sentí represión y la sensación de que no me iba a ser fácil abrirme a un hombre, quizas por una crianza muy exigente en la que fui muy sobreprotegida. Cuando me puse de novia, lo confirme en la realidad. Cada vez que lo intentamos sentía mucho dolor y nunca podíamos lograr la penetración. Visité a varias ginecólogas, y ninguna encontraba una razón física para mi malestar. La única respuesta que me dieron fue que lo mío era “Psicosomático” y se llamaba vaginismo.

Al tener ese diagnóstico, y luego de contárselo a mi mama, ella se metió en internet a buscar información y encontró un artículo de la página “entremujeres” del diario Clarín. Me lo mostro, y me sentí muy identificada con lo que la chica explicaba en el artículo y entonces decidí enviarle a Viviana una consulta por mail. Me respondió muy amablemente, pero yo no me anime a pedirle un turno. Esto paso hace un par de años y no puedo evitar pensar que si hubiera ido antes, lo hubiera solucionado mucho antes, pero no quiero reprochármelo. Muchas veces uno no entiende porque las cosas se dan de determinada manera, y quizás no estaba lista.

Este año, luego de tener varias frustraciones más en nuestros intentos, le escribí nuevamente a Vivi, esta vez decidida a ir y a seguir con el tratamiento completo. Me iba a costar, pero era algo que sentía que tenía que hacer. No solo por el bien de nuestra relación, sino también por mi propia salud, física y mental. Esto era algo que me perturbaba bastante y necesitaba superarlo.

Desde el primer momento, Viviana siempre me transmitió tranquilidad y optimismo. A través de ejercicios, de a poco aprendí a controlar los músculos de esa área de mi cuerpo. Desde mirarme con un espejito por la primera vez en mi vida, hasta el uso de tutores, que iban aumentando de tamaño cada semana. A esto le agregue el trabajo y la practica desde mi casa, que me costo bastante, pero hice un esfuerzo por hacerlo.

Hoy empieza un nuevo camino y mucho por aprender. Estoy eternamente agradecida a Vivi y además, a mi novio y a mis padres por su apoyo incondicional.

Testimonio Nº11

(Varón. Pareja de la mujer del testimonio Nº 10)

Habían pasado tres años desde la primera vez que intentamos intimar con mi pareja. Cada vez que probábamos, ella sentía molestias, me alejaba y yo me frustraba. Sentí una gran enojo al no saber que hacer para ayudarla, e incluso llegue a dudar si yo era la persona adecuada para estar con ella. Tampoco ningún amigo y ni siquiera mi psicólogo pudieron darme una pista en la dirección correcta.

Llegando al limite de lo que podía soportar nuestra relación, decidimos buscar información para saber la causa de lo que nos pasaba. Buscando en internet, ella pudo asociar sus síntomas con el vaginismo y le hizo una consulta a la doctora Tobi para confirmar su sospecha.

Pasado ya un tiempo desde que se comenzó la terapia, nos dimos cuenta que efectivamente de que el vaginismo era la causa. Mi pareja y yo seguimos el tratamiento tal como nos fue indicado, y despues de 4 meses, salimos adelante.

Mi participación en el tratamiento fue principalmente de acompañamiento y contención, sumado a acompañar a mi pareja a las sesiones indicadas, una vez ya avanzada la terapia. Aunque hubiera hecho cualquier otra cosa, si así me lo hubieran pedido. A quienes estén pasando por la misma situación, solo les puedo decir que sean pacientes y que hay luz al final del camino.
 Espero que la sexualidad (y sus disfunciones) dejen de ser temas tabú y sean más difundidos para que otros no tengan que pasar por lo mismo que mi pareja y yo.  
Un saludo!

G


Testimonio Nº 12
Tengo 21 años, y quería compartir mi experiencia con respecto a mi problema de “vaginismo” y a la solución que encontré al realizar el tratamiento con Viviana Tobi.

Creo que lo primero que me llevó a tener este problema fue el hecho de que mi mamá , a pesar de que me dió mucha libertad en ciertos aspectos, en el aspecto sexual no fue así, y al haber sido muy católica, aunque ahora ya no lo sea, siempre me inculcó el seguir siendo virgen por lo menos hasta cumplir los 18 años, ya que esa era la mayoría de edad  y si era posible, ser virgen hasta casarme como lo fue ella.
Nunca tuve charlas sobre las relaciones sexuales con mi mamá, ella es muy retrógrada y vergonzosa con este tema.
Desde ahí para mi psicológicamente el sexo se convirtió en algo “malo”... en algo que solo estaba bien hacer a partir de cierta mayoría de edad, siempre con miedo de que si llegaba a quedar embarazada eso ¡¡¡¡era lo peor que te podía pasar!!!!y siempre creyendo que si tenía relaciones con alguien (a pesar de que ese alguien fuera mi novio) iba a quedar como una “puta”, no solo eso sino que lo mas dañino para mi fue que ella me implantara la idea de que los hombres no te quieren de verdad , sino que solo te quieren para tener relaciones sexuales y después te dejan... lo cual en muchos casos puede ser verdad, pero en muchos otros no...y eso me hacia enojarme con todos los hombres con los que salía y siempre me sentía bien por negarles el tener relaciones sexuales conmigo.
A los 16 años me puse de novia con un chico 5 años mas grande que yo, con una historia muy complicada detrás...este fue mi primer novio, mi primer beso , mi primer amor y lo mas probable hubiese sido que fuera también el primero con el cual iba a tener relaciones ,ya que siendo mi novio esto era algo que pensé que iba a estar mas “permitido”, pero me equivoqué, terminé con un problema gigante entre tener relaciones con mi ex el cual quería desesperadamente hacerlo, o hacerle caso a la prohibición explicita e implícita de mi mamá sobre el NO tener relaciones hasta cumplir los 18 años.
Asi fue como al no decidirme si tener relaciones o no por no sentirme culpable y teniendo una relación bastante enfermiza con mi ex, el decidió dejarme, y es hasta el día de hoy que mi mamá sostiene que estuvo bien que y que yo NO podía tener relaciones con él como si fuera asunto suyo!!! Asi llegué hasta esta edad digamos que virgen... en cuanto a lo que es la penetración propiamente dicha...
Después de cortar con mi ex empecé a salir con muchos chicos pero no tenia RELACIONES SEXUALES  concretamente, es decir, si las tenía pero nunca dejaba que el “acto sexual ”se concretara... en parte para no darles el poder de haberme “robado” la virginidad y en parte porque me daba miedo el dolor que me iba hacer sentir la penetración...por supuesto además del miedo de quedar embarazada de cualquier tipo desconocido, y las enfermedades... etc.
Así que empecé a utilizar parches anticonceptivos EVRA, a raíz de una desrregularizacion menstrual, y esto me sirvió para poder estar mas tranquila con respecto al riesgo de embarazo.

Pensé que nunca iba a encontrar a alguien que me gustara y amara tanto como para querer hacerlo, que me esperara lo que yo necesitaba...que comprendiera la situación y en quien pudiera confiar y que además quisiera estar en una relación conmigo a pesar de todos mis problemas,mas que nada relacionados a lo sexual, ya que siempre tenía la idea de que si no tenes relaciones con los hombres ellos no te esperan y te dejan.
Y de tanto buscar lo encontré!!! actualmente estoy de novia hace 10 meses y salgo desde hace 11,él tiene la misma edad que yo,es solo unos días mas grande... desde que empezamos a salir yo le dije como eran las cosas, y que todavía era virgen y él no tuvo problema, siempre fue muy comprensivo y me esperó a pesar de que si tenía ganas de hacerlo… y yo ya era mayor así que no sentía que estuviera haciendo algo “malo”. Al principio teníamos relaciones sin penetración... y en octubre del año pasado intentamos concretar el acto sexual,y no pudimos!!! no por un problema suyo sino por un problema mio... literalmente NO ME ENTRABA, ni un dedo entraba! Y me dolía mucho el solo intentarlo... siempre le había tenido terror a la idea de que iba a doler etc y conocía el problema del vaginismo, y a decir verdad en febrero de 2014 yo había salido con otro chico el cual había probado algunas cosas y a mi me había dolido mucho y no había funcionado... y me dijo que me tendría que hacer ver y yo lo dejé pasar... y ahora me estaba arrepintiendo ya que al fin tenía “permitido” tener relaciones y estaba con  una persona con la cual realmente valía la pena hacer esto, pero NO PODIA!!!! intentamos después de unos días pensando que íbamos a poder, que solo estaba nerviosa, pero otra vez no pudimos, ahí fue cuando decidí ir a la ginecóloga, ella me revisó y me dijo que tenia un himen “micro perforado” lo que quería decir que la perforación era de un tamaño que solo servía para poder menstruar,pero no para tener relaciones con penetración... y que mi himen era muy grueso y prácticamente irrompible por la entrada de un pene, en conclusión dijo lo que más miedo me daba que dijera, que me iba a tener que operar... así fue como me derivó a una cirujana la cual me revisó y me dijo que además de mi problema del himen tenia un “vaginismo” leve... y no le creí, ésta me derivó a una “psicóloga sexóloga especialista” la cual dejó muchísimo que desear y jamás me ayudó con mi problema sexual y también me derivó a otro cirujano, y éste me dijo que me iba a operar pero que no podía decirme si tenía algo hasta estar en la cirugía... y que si tenía un orificio pequeño o normal de todos modos me iba a sacar el himen para que ya no tuviera problemas con ese tema, y que si ni así podía tener relaciones, era otro el problema...
obviamente todo esto se lo iba comentando a mi novio y amigas, pero no a mi familia y menos que menos a mi mamá, decírselo a mi papá me daba mucho pudor, y con mi hermana nunca hablamos del tema sexual.
Finalmente ya tenía la fecha para operarme y mi familia y me novio me iban a acompañar, me hice la cirugía, era ambulatoria por suerte, y cuando fui a ver al cirujano por el control me dijo que en realidad no tenía nada y que él me sacó el himen con el dedo!! me fui de ahí bastante enojada y decepcionada... yo ya no sabia que hacer!fui a ver a mi ginecóloga otra vez me revisó y me dijo que era imposible que me lo hubiese sacado con el dedo,etc... no sabía a quien creerle y me dijo que hiciera un tratamiento con una vela... que me pusiera velas como “dilatadores” y que me lo dejara toda la noche, y además me pasó el numero de Vivi!!! por suerte! Llamé a los pocos días, me dió una sesión y ahí comenzamos el tratamiento, el primer día contándole todos estos hechos que conté mas arriba para que pudiera entender como llegué a este punto y además ella me hizo dibujar mi vagina, conocerla mirarla y hacer unos ejercicios que son buenísimos que se llaman “kegels” los empecé a hacer y sentí un cambio muy importante en cuanto a lo que sentía en la zona vaginal cuando tenía relaciones con mi novio, aunque sin penetración todavía... a la segunda sesión me hizo ver un video sobre una pareja casada hacia muchos años que todavía no podían tener relaciones con penetración y que la mujer comienza también un tratamiento, seguimos con las velas como dilatadores, también hacía los ejercicios kegels y la relajación, y lo de las velas en casa y me envió una guía sobre dilatación también.
Íbamos cambiando de tamaño, primero la vela y después los dilatadores de plástico de Vivi, primero el n°2... que era mas grueso que la vela, después a ese n°2 que dolía y ardía bastante le puso vibración, a la vez mi novio me ayudaba algunos días con sus dedos haciendo de “dilatador” después Vivi me recomendó comprarme un vibrador... a mi me daba un poco de pudor pero ella me había recomendado ya un sexshop...me puse a averiguar en otros también y terminé comprando en ese lugar que se llama  “espacio placer” ,un vibrador azul de silicona ya que son mas blandos y tiene el cablecito y la perilla reguladora, y me animé a usarlo!le puse nombre para hacerlo mas divertido para mi y para mi novio! me gustó mucho, sentía que las vibraciones me sacaban el dolor y llegaba a usarlo 20 min completos en casa, 3 veces por semana, también me animé a intentar con un pepino como dilatador ya que era un poco mas grande que el vibrador,después usé el n° 3 con vibración y me seguía ardiendo y doliendo pero ya muuchiiisiimo menos que cuando empecé, también probé con un dilatador n°4 y pude ver las contracciones de mi vagina en una pantalla.
Con mi novio empezamos a probar un poco y entró hasta la mitad!!!! y sin relajación ni kegels ni casi lubricante, es decir que con todo eso podría entrar completamente! Lo intentamos una vez mas, y también volvió a entrar por la mitad, pero yo ya estaba muchiisiimo mas segura, relajada,tranquila y menos frustrada, y el viernes pasado fuimos con mi novio a comprar un gel nuevo,elegimos el clásico para no exponerme a que si elegíamos con algún efecto de calor o frío me hiciera mal, y así fue como aguantando un poco el dolor y el ardor y tratando de relajarme lo mas posible ENTRÓ TOTALMENTE!!!! al fin! Y bueno ahora seguimos probando pero ya no duele taaanto, y el ardor va pasando a medida que el pene esta adentro, a mi me sirvió mucho ponerme algo frío en el clítoris, lo digo como un consejo que quizás le sirva a alguna, cada una va a ir encontrando su método también y hasta tuve un orgasmo! lo cual no pensé que iba a pasar tan pronto porque creí que todavía no había llegado a la parte de disfrutar de la penetración, pero así fue! Asi que... para todas las mujeres que tienen este problema y seguramente se sienten frustradas y que nunca van a poder hacerlo como el resto, les quiero comentar que SI SE PUEDE!!! que sólo hay que esforzarse un poco más y que en algún momento va a pasar, y es mejor resolverlo cuanto antes!!!
MUCHAS GRACIAS A VIVI y a Tobi Natal !!! sin el tratamiento no se si hubiese probado todo lo que probé y tratado como traté para poder al fin tener relaciones!
Espero que esto aliente a otras mujeres que tienen el mismo problema que tuve yo y que sepan que TIENE SOLUCIÓN!!!

Testimonio Nº13

Tengo 28 años y desde los 23 empecé a salir con quien hoy es mi marido, estuvimos de novios 2 años y medio y ya van a hacer 3 que estamos casados. Fue mi primer novio, mi primera relación por lo que no había tenido experiencias previas. Durante el noviazgo tardé mucho en decidirme en tener relaciones, meses, tenía los miedos típicos de poder quedar embarazada, de que me doliera demasiado, ese tipo de cosas. Teníamos encuentros en los que la pasábamos bien pero no me decidía a pasar a la siguiente etapa. Cuando me decidí, lo empezamos a intentar pero era imposible, el solo intentarlo me dolía muchísimo, me bloqueaba y no podíamos hacerlo. Yo pensaba que era una reacción inconsciente de todos estos miedos que seguía teniendo y que cuando me relajara todo iba a ser distinto, por ejemplo, después de casarnos, pero no fue así... La luna de miel fue una gran frustración para mí, no podía creer que no podíamos concretar. Es importante mencionar que desde el principio mi pareja me esperó, nunca me presionó, todo lo contrario, siempre fue muy comprensivo y contenedor, me decía que ya íbamos a poder, que era cuestión de tiempo.... Ya casi después de un año de casados existió la posibilidad de empezar un tratamiento psicológico pero de alguna manera sentía que no iba por ese lado, no me animaba a hablarlo con nadie más que con mi marido, ni con mi ginecóloga con nadie. Sentía que era la unica mujer en el mundo a la que le pasaba. Hace unos meses buscando y buscando en internet, no se como tuve la suerte de encontrar antes que nada que lo que me pasaba tenía un nombre y era vaginosis, que no me pasaba solo a mi y lo mejor de todo, que tenía tratamiento efectivo. Comencé a investigar sobre el tratamiento y dí con un artículo que había escrito Viviana, luego con testimonios y sin dudarlo me contacté con Tobinatal. Estaba muy nerviosa pero con todas las esperanzas de poder solucionarlo. La primera sesión fue una charla con Viviana y con mi marido, ahí le contamos lo que nos pasaba y siempre nos sentimos muy cómodos y contenidos, estar hablando de eso con alguien que te entiende y que lo ve como algo normal, que puede suceder, fue un alivio. Nos mostró un video y luego comenzamos con las sesiones de práctica donde sesión a sesión iba trabajando con dilatadores de distinto tamaño, con técnicas de relajación, con concientización de las partes de mi cuerpo y "tarea en casa"... es importantísimo hacer los ejercicios con frecuencia para lograr terminar el tratamiento con éxito. Fueron 6 sesiones en total las que realicé antes de lograr poder tener relaciones con mi marido y aún no podemos creer que la pesadilla haya terminado, ahora disfrutamos de nuestros encuentros sin problemas ni dolores... ojalá me hubiera enterado antes de este tratamiento porque fueron años de sufrir por algo que no sabía, tenía solución! Gracias Viviana por el apoyo, por la calidez y por alentarme siempre cada vez que daba un pasito más adelante... estamos felices!


Testimonio Nº14

HOLA. TENGO 25 AÑOS. HACE CINCO AÑOS QUE ESTOY DE NOVIA PERO NUNCA PUDIMOS TENER UNA SEXUALIDAD PLENA DEBIDO A ÉSTE PROBLEMA QUE DESCUBRÍ QUE TENGO, EL VAGINISMO. NO SABÍA QUE ASÍ SE LLAMABA, NO SABÍA QUE ESTO PODÍA EXISTIR. LAS POCAS PERSONAS CON LAS QUE CONSULTABA EN CONFIANZA ME MIRABAN RARO Y ME HACÍAN SENTIR MUY EXTRAÑA. CLARAMENTE HACE FALTA INFORMACIÓN EN EL TEMA. INTENTAMOS VARIAS VECES PERO NUNCA PODÍAMOS CONCRETAR PORQUE A MÍ ME DOLÍA MUCHÍSIMO Y SENTÍA MUCHO MIEDO. TENÍA MIEDO DE SALIR LASTIMADA. SENTÍA QUE MI VAGINA NO SE ABRÍA NATURALMENTE Y QUE ERA IMPOSIBLE DISFRUTAR LA RELACIÓN. ESTO TRAÍA MUCHA FRUSTACIÓN E INSEGURIDAD A CADA UNO Y A LA PAREJA. ME LLEVÓ MUCHO TIEMPO DARME CUENTA DEL PROBLEMA, CUANDO ACEPTÉ QUE ALGO NO ANDABA BIEN Y TRAS VARIAS CONSULTAS FALLIDAS, BUSQUÉ EN INTERNET INFORMACIÓN AL RESPECTO. YA QUE HABÍA IDO A UN PAR DE PROFESIONALES (GINECÓLOGOS, PSICÓLOGOS) EN BUSCA DE AYUDA PERO CREÍAN QUE TENÍA UN PROBLEMA PSICOLÓGICO PERO NO PODÍAN AYUDARME. HASTA QUE UN DÍA ENCONTRÉ LA PÁGINA DE LA DOCTORA TOBI, LEÍ LOS TESTIMONIOS Y VÍ LO ESPECIALIZADA QUE ERA EN EL TEMA. ESO ERA LO QUE NECESITABA. UN PROFESIONAL QUE ME AYUDE, QUE SEPA DEL TEMA Y ME PUEDA CONTENER, TENIENDOME LA SUFICIENTE PACIENCIA. Y ASÍ FUE. LA DOCTORA VIVIANA ES EXCELENTE EN SU TRABAJO, SABE LO QUE HACE Y CÓMO NOS SENTIMOS CON RESPECTO A ÉSTE PROBLEMA QUE ES EL VAGINISMO. EN POCO TIEMPO VI LOS AVANCES. NO PODÍA IR A UNA REVISIÓN GINECOLÓGICA SIN SALIR LLORANDO DEL CONSULTORIO. REALMENTE ERA UNA ANGUSTIA MUY GRANDE. CON LOS EJERCICIOS PUDE HACER LO IMPENSABLE Y ME CURÉ. LA DOCTORA ES MUY RECOMENDADA Y ME DIJERON QUE CON ELLA ME QUEDARA TRANQUILA QUE IBA A SABER AYUDARME. SE PUEDE. EN PLENO TRATAMIENTO MI PAREJA ME DEJÓ Y ME SENTÍ MUY SOLA PERO ELLA ME HIZO VER Y YO TAMBIÉN LO CREÍ, QUE TODO ESTABA EN MÍ. QUE CON VOLUNTAD Y ESFUERZO SE PUEDE. HAY QUE SER CONSTANTE. A PESAR DEL DOLOR QUE SENTÍA NUNCA DEJÉ EL TRATAMIENTO Y LO TERMINÉ Y ESTOY MUY FELIZ CON LOS RESULTADOS. ES ALGO PROPIO QUE HAY QUE HACER PARA SENTIR LA SEXUALIDAD CON NOSOTRAS MISMAS Y LA PERSONA QUE ELIJAMOS. DESDE YA LES DESEO MUCHA SUERTE Y ESPERO LES SIRVAN MI EXPERIENCIA Y MIS PALABRAS DE ALIENTO.
SALUDOS!!

Testimonio Nº15

"Ganas fuerza, valor y confianza en cada experiencia en la que realmente te paras para enfrentarte al miedo. Podrás hacer aquello que nunca creíste que podrías hacer" (Eleanor Roosevelt)
                                                    
                   A finales del año 2014 mi salud se resintió. Terminé ese año con la certeza de que el 2015 sería un año que me convocaría la realización de varios estudios y alguna que otra operación. Así fue y luego de las operaciones me realicé un tratamiento de radioterapia que me emplazó viajar a capital durante 2 meses de lunes a viernes de manera ininterrumpida. Sabido es que después de que atravesamos problemas graves de salud nuestras prioridades cambian de lugar. Me di cuenta que a mis cincuenta y tantos si bien había llevado una buena vida, llevar una buena vida no es sinónimo de ser feliz.  Contabilizando los años de mi existencia con sus días y sus horas decir que no hice muchas de las cosas que anhelé de niña, sería infértil y por demás injusto. Hice grandes cosas y de muy joven adopté el camino de la responsabilidad y coronando el camino elegido luego de un arduo esfuerzo pues desde adolescente trabajo, obtuve mi título profesional a la edad de 33 años. A diferencia de muchos mortales y congéneres en mis horas había tiempo para estudiar para trabajar pero no para la diversión, con lo cual relegué esa área y la catapulté en la esperanza  y en la seguridad de saber que lo que me estaba asignado llegaría, a pesar mío.
                     Por mi carácter y por mi educación no fui buena en las relaciones y nunca resigné mi integridad física ya sea por desconfianza o porque muy pocas veces en la vida me crucé con alguien que me interesase tanto que pudiera doblegar mi fortaleza. Las cualidades que aprecio en el otro cursan por carriles que básicamente tienen a la intelectualidad como una de las premisas más importantes. A los 29 años mientras cursaba la carrera conocí y salí con un profesor de una de las materias y fue él quien me adentró en las lides de las artes amatorias y sexuales, con el debuté y él me enseñó algunas cosas del sexo que recuerdo poco gratificantes. Las relaciones que tuve con él fueron particularmente dolorosas, molestas y confieso, haber deseado no tener que esperarlo para no sufrirlas. El vínculo que nos unió, persistió lo que tenía que ser, pues él tenía compromiso y yo no deseaba resignar mi tiempo y mi esfuerzo en alguien que si bien me gustaba, tenía poco espacio para mí. Sin embargo, creo que en realidad, mi única preocupación tenía que ver con la molestia y el miedo al dolor en las relaciones sexuales que manteníamos.
                     Para esa época, conocía, a quien sería mi esposo y con quien viví durante dos décadas y media y nuestra relación bien pudo ser titulada “Los años que vivimos en peligro” o “Llegan de una gran tribulación”. Un hombre 25 años mayor pero con una intelectualidad magistral que al principio minimizó la diferencia entre ambos, me enamoró, me conquistó, aunque, con el correr de los años se convirtió en un recuerdo muy venerado por mí, pero además, debido al embate de una dura enfermedad su carácter cambió tornándolo  un ser despótico autoritario, receloso y desconfiado. Con el no tuvimos relaciones sexuales con penetración,  no lo seducía la idea de ser padre mayor, además tenía 2 hijos  grandes y por eso al notar mi falencia en ese campo, consideró plausible la realización de otras prácticas que se alejaban mucho de lo convencional pero que, en todo caso, a él le servían y a mí no me convocaban demasiada responsabilidad, en ese tiempo mi vida estaba colmada de ocupaciones, trabajar en el negocio de ambos, ser ama de casa, cuidarlo en su enfermedad y por las noches abastecerlo sexualmente cosa que muchas veces suponía largas horas a mi cuerpo cansado del trajín diario. Llegué a odiar el sexo y lo que tuviese que ver con él. Nuestra vida juntos se convirtió en una especie de simbiosis en la que ambos sacábamos provecho de la vida en común. El amor y el encantamiento que alguna vez partió desde mí hacia él, se transformó en admiración y la pasión que nunca fue tal pues la diferencia de edad hizo mella, se apagó. De todas maneras mi espíritu combativo nunca resignó la posibilidad de seguir enhiesta a su lado y cuando más me necesitó más juntos estuvimos y nuestro tiempo transcurrió con periodos de calma invadidos por fulgurosos estados de zozobra, siempre en lo que tenía que ver con su salud, hasta que un día conforme sus designios y deseos, la vida se ocupó de separarnos de manera trágica. Lo que sentí durante, mucho tiempo podría abarcarse en la siguiente frase, -¿Donde esconderé mi alma para que no vea tu ausencia?-.  Los días, los meses y los años transcurrieron sin prisa pero sin pausa y sentí que llevando la vida que habíamos llevado juntos, estaba haciendo las cosas bien. Seguir sola no fue fácil y pronto comenzaron los problemas, la “gestalt” que alguna vez fuimos, dio lugar a una mujer débil y con flaquezas, aislada, temerosa, y, con más dudas que certezas sobre el futuro. Claramente, había perdido la fe.  Cuando los problemas aumentaron supe que debía buscar asesoramiento legal para llegar a buen término y, que ello, no atentase en la economía de mi negocio. Así fue que luego de sentirme decepcionada con el actuar de los profesionales locales, por azar, por el albur del destino,  conocí a quien hoy después de cuatro años, o más, de aquel 13 de julio del 2011, sigue siendo mi inspiración y quien despertó mi arrebato dormido por años.  Al principio excitó mi intelectualidad escribiéndonos largos mails esmerados, para luego dar lugar a una charla más profunda e intimista y finalmente, nos convertimos en dos unidos de manera personal, entrañable y consagrada. “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” (Julio Cortázar). Pronto, o no tan pronto, cuando debió ser, la espiritualidad cedió el escenario a lo corporal, a lo tangible y la necesidad física apareció profana, inexperta e irreverente y el deseo conminó nuestras vidas. Muchos años pasaron desde que tuve relaciones sexuales y pensé, ¿Qué puede salir mal?, todo mi ser deseaba, por primera vez en mi historia, estar físicamente a lado de alguien, mi aura benéfica recorría el universo que nos contenía, mi ansia, mi apetito y mi pretensión, lo llenaban todo. Y de pronto, todo salió mal, una vez, dos veces y tal vez mas. La “cosa” no entraba, no había un orificio por allí, ¿se habría cerrado?, pensé, y entré en pánico o en una preocupación bastante parecida. Por supuesto, esto no horadaba nuestra relación pues sabía que “él me necesitaba más de lo que me deseaba  y me deseaba bastante”. Hice lo necesario para satisfacerlo y en parte mi esmero fue coronado con bien, pero yo no estaba conforme y fiel a mi naturaleza, empecé a investigar. Trabajo con medicamentos y busqué la existencia de algún gel lubricante que poseyera en su formulación alguna anestesia y que la misma hiciera lo necesario para recibir el embate, que seguramente atravesaría rompiendo algo, pero, que, en todo caso no doliese, o doliese menos.  No me animé a sincerarme con la ginecóloga y me limité a expresar que las relaciones eran dolorosas y ella creyendo que la causa pudiera ser “atravesar por el climaterio”, se limitó a prescribir un lubricante para las relaciones y una crema hormonal, tres veces por semana. Estábamos en problemas… Finalizaba el año 2015 y se acercaba enero que para los profesionales de la ley son sus vacaciones y por cuestiones de orden personal mi adorado iba a viajar, con lo cual a diferencia de años anteriores no nos íbamos a ver por unas cuantas semanas.  La racionalidad con su lógica más escrupulosa es una de mis condiciones más incuestionable y leal a mi espíritu científico e investigador, una tarde de verano inspirada y acuciada por los eventos mencionados anteriormente, me senté delante de mi computadora y coloqué en el buscador, la siguiente frase: “¿a qué se debe, o cual es el motivo por el que, el pene de un hombre no entra en la vagina de una mujer?”. El ordenador me devolvió un raudal de respuestas, pero en la mayoría afloraba, emergía, arremetía con un ímpetu fuerte, acelerado, enérgico, el nombre de una mujer:  VIVI TOBI,  Tobi Natal, Espacio Corpo. Por primera vez el concepto de VAGINISMO se instaló en mi retina y cual verdad esclarecedora abrí cuanto material pude y me dispuse a leer. Vaginismo, miedo a la penetración, oh! Cuanta verdad derramaban esas frases a mi mente ávida de conocimiento, leí todo lo que pude y me dispuse leer en el blog los testimonios de las personas que habían sido atendidas en ese lugar.                    

                      Algunos relatos eran realmente íntimos y reveladores y los mismos juramentaban y daban fe de las vivencias y las aflicciones de mujeres que como yo sentían la insatisfacción de no lograr avanzar en sus vidas. Particularmente recuerdo el testimonio de las más jóvenes y como desmitificó mi realidad en cuanto a creer que las jóvenes jamás podrían tener problemas sexuales. Esa misma noche le escribí a Espacio corpo y le conté a grandes rasgos mi problema. Pasaron unos días y al no recibir respuesta hice lo propio y le envié el mensaje a la Licenciada Tobi. Esta vez me contestó y se preocupó por mi mail fallido anterior y dándome su teléfono me convocó que la llamara. Luego de mucha vacilación y muchos reparos y acuciada por la necesidad de resolver mi dificultad, la llamé. Tuvimos una corta conversación y recuerdo que me agradó su franqueza cuando dijo –“No sé si la voy a poder ayudar, espero que si”- valoré su sinceridad y convinimos en una cita en persona.
En la primera sesión ella quiso conocerme, y nos sentamos cómodamente en uno de los salones cuyo piso era una alfombra muy cálida y tomamos te y charlamos. Su particular y acogedora forma de ser me predispuso y cual interlocutor locuaz, volqué mi historia y me sentí muy bien al vencer esa valla que me impedía avanzar y mejorar.
                     Me fui realmente complacida de ese lugar y recuerdo que me impactó saber cuántas mujeres, solteras, casadas, jóvenes y no tanto y hasta profesionales transitaban con la contrariedad al igual que yo de no poder vencer el obstáculo que nos acercaba a la plenitud. Confieso haberme sentido abarcada por el entusiasmo y la jovialidad de la Lic. Tobi pero también íntimamente sentí temor de ser yo quien “fallara” y me dije –“Pobre, tiene toda la mejor intención pero yo voy a ser su fracaso más rotundo”-. La segunda sesión transitó por los carriles mas correctos a mi modo de ver, en la cual ella me enseñó y me mostró con imágenes una vagina, hablamos de la naturaleza, estructura y aspecto de la misma y de la manera más esclarecedora supe que no solo no está cerrada sino que es tan genuina y maravillosa que se adapta a cuanto tamaño quiera entrar en ella. Solo es cuestión de tiempo y de ejercitación. Me enseñó los ejercicios de Kegel, me mostró las clases y medidas de los dilatadores, los que progresivamente desensibilizarían la zona y la dilatarían. Un paso a la vez. Me dejó en la alfombra cálida viendo un video de una pareja muy joven en la que la dama tenia vaginismo y fueron a ver un profesional y el mismo les prescribió toda esta técnica de relajación, dilatación, penetración de tutores, comenzando con los mas chiquitos y por sobre todas las cosas paciencia y dedicación. Excelente el video, en la siguiente sesión lo comentamos y me propuso comenzar con la ejercitación. La primera de todas las prácticas fue la más conmovedora, arrebatadora y vibrante y solo a ella haré referencia pues las demás fueron práctica y más práctica, mucha conversación combinados con mucho apoyo y amparo de la mano de Vivi.
                    Su profesionalidad me impulsó y liberó mi timidez y dispuesta como me lo indicó, me enseñó la técnica de relajación. Quiero aclarar que lo mío era un extremo, jamás me puse un ovulo o un tampón o ni siquiera el dedo. Ahí les aseguro, nada entraba! Me hizo relajar, respirar, lubricar y mientras hacia los ejercicios de Hegel que son ejercicios de contracción y relajación, me sugirió que colocase el dedo en la entrada y en el momento de la relajación empujara para adentro. Huelga explicar mi estupor y mi fascinación al comprender que mi dedo había entrado todo y sin dolor. Lloré. Juntas nos emocionamos por tamaño logro! Alguna vez leí que en el vinculo que se forma entre el maestro y el discípulo no solo debe existir sapiencia en el maestro e interés en el alumno, para que el aprendizaje en verdad sea logrado debe existir esa única oportunidad en la que el maestro está dispuesto a ceder generosamente su saber pero el alumno está deseoso de aprender. En ese momento hay una fusión, y es mágica.
                      Recuerdo que para cuando yo consideraba finalizada y exitosa esa sesión en la que había introducido el dedo , el ímpetu y el optimismo de Vivi fueron por mas y me desafió con tutores/dilatadores de un tamaño mayor que el dedo y logré el cometido para alegría de ambas. Finalmente le pedí que fuéramos de a poco y así fijar de manera sólida mis conocimientos. Los ejercicios no solo se limitaban al gabinete, también ejercité en mi domicilio. Las semanas transcurrieron y mientras cada sesión era un desborde de alegría y de triunfos, mi adorado volvió y tuve que hacerlo esperar porque  Vivi todavía no me había dado el alta. Eso finalmente sucedió y hoy me siento plena, me siento verdaderamente una mujer y hasta me siento bella. Alguna vez escuché que cuando una mujer tiene buen sexo se siente hermosa. Hoy se que esto es verdad.
                     Finalmente expresar que de la mano de la Lic. Viviana Tobi viví una de las experiencias más movilizadoras y transformadoras de toda mi vida. Que como todo tiene un final tuvimos que separarnos pero que ahora la considero familia, que jamás la olvidaré y que le pido al cosmos cada día por ella porque hay muchos seres por ahí que la necesitan. Que a menudo cuando me interno en los recuerdos y su imagen sonriente se me dibuja siento que tal vez de las muchas frases que anido en mi corazón y en mi mente esta es la que mejor la representa:


“Lo que hacemos por nosotros mismos, muere con nosotros. Lo que hacemos por
los demás y por el mundo, permanece y es inmortal”. Albert Payne.
                                                                                LILIAN

Testimonio Nº 16
Testimonio Gabriela, 37 años.



    Siempre tuve problemas con las visitas al ginecólogo pero no le daba importancia porque teníamos intimidad con mi pareja, nos las arreglabamos a nuestra manera y nunca consideramos un problema.
    Después de un tiempo de buscar el embarazo decidimos consultar a un especialista en fertilidad. Ahí los controles se hicieron imposibles por el dolor y los nervios, no logré ni siquiera realizarme una ecografía transvaginal.
    El médico sorprendido después de algunos meses me aconsejó una entrevista con una psicóloga y me habló de algún tipo de trastorno "dispareunia" dijo, que quizás no les permita mantener relaciones sexuales con penetración.
    Con este dato y decidida a no hacer años de terapia comencé  a buscar por internet y tuve la suerte de dar con el blog de Viviana Tobi.
    Luego de leer todos los testimonios junto con mi marido, decidí que eso era lo que estaba (estabamos) necesitando hace mucho!
    Llamé de inmediato y la atención fue sumamente contenedora. Me dio aliento y seguridad para arrancar el tratamiento que en menos de 3 meses había terminado.
    El primer día llegué con todos los miedos del caso pero con el correr de los encuentros y la evolución fui tomando confianza.
    Además de las charlas con Viviana sobre conocimiento del cuerpo, de los músculos, la relajación, el tratamiento se basa en in consiguiendo seguridad para la penetración con distintas medidas de dilatadores. Que al principio parecen imposibles de superar pero a medidas que pasan las sesiones y con la práctica en casa se consigue.
    El alta fue previa charla con mi marido, donde Viviana lo asesoró sobre el trabajo que realizamos (si bien el siempre estuvo al tanto pero sin participar, charlando sobre el tema, los ejercicios etc) a partir de este momento tomó un rol activo y así logramos superarlo como pareja.
    Hoy curso un embarazo de 3 meses, y todo fue tan rápido! aún casi no lo podemos creer. Estoy arrancando el programa de embarazo saludable de Tobi Natal, felíz.
    Quisiera que este testimonio lo lean muchas mujeres como yo y que se animen, sólo basta con reconocer el problema y hacerle caso a Vivi en todo!


Muchas gracias Viviana!


4de Julio 2016


Testimonio Nº 17

Antes que nada quiero agradecerte porque siento que me ayudaste a sacar un peso de encima, una especie de carga que venia arrastrando desde hace un tiempo.
Creo que en si tuve un cambio mas a nivel actitudinal, me siento mas confiada, mas abierta tambien a charlar sobre temas que antes no decia en voz alta. Me parece que todavia igual tengo un camino que recorrer, que lo tengo que hacer a mi tiempo, pero siento que di varios pasos en la direccion correcta.
Tambien un poco el motivo por el que no te conteste antes es porque tuve un cambio laboral. En estos momentos estoy trabajando en Chile. Y ahi tambien note una evolucion respecto a como solia ser yo antes. Me senti mas segura conociendo mucha gente nueva, con una actitud mas abierta, y creo que tu ayuda tuvo mucho que ver.

Me siento un poco en falta porque no te di el testimonio que prometi, disculpas! Pero no queria dejar pasar mas tiempo sin responderte. Si bien no estoy en pareja, no siento ese miedo que tenia antes a la intimidad, y se que sola no hubiera podido recorrer este camino.



Testimonio Nº 18



Soy Florencia, tengo 22 años y en algún momento estuve como vos googleando en internet como solucionar lo que me pasaba.
Les cuento que estoy de novia hace un año y medio y a pesar de que estaba segurísima de querer perder mi virginidad con él; cada vez que lo intentábamos no había forma de lograr la penetración. Fueron pasando los meses y aunque él me decía que estaba todo bien (ya que nos rebuscábamos la forma para disfrutar igual) no podía evitar sentirme frustrada. No podía entender cómo algo tan natural, a mí me costaba tanto.
Siempre que lo intentábamos y no lo lográbamos, volvía a casa y lo primero que hacía era googlear como solucionarlo y si bien encontraba páginas que tiraban tips de cosas que podían ayudar, sabía que no podía hacerlo sola. Así que empecé por ir a una ginecóloga, porqué pensaba que mi vagina tenía algún tipo de problema, llegué a pensar que mi vagina era demasiado chica y necesitaba algún tipo de operación para “agrandarla” … en fin la ginecóloga me dijo que nada que ver, que todo estaba normal. Qué lo que tenía era algo más bien psicológico, que se llamaba VAGINISIMO y me recomendó ir a un grupo de autoayuda o a un psicólogo...
Al salir de ahí había despejado mi duda de que no era algo físico, pero seguía sin la solución. Con mi novio siempre decíamos que quizás un sexólogo nos podía ayudar, pero por alguna razón siempre lo íbamos postergando (más bien era porque me daba muchísima vergüenza ir a uno).
Por esas casualidades leí una frase que decía “Aquello que más miedo te da, es aquello que más necesitas hacer...” automáticamente lo relacioné con lo que me pasaba. Sabía que realmente necesitaba superarlo, pero tenía miedo. No tenía idea que era ir a una sexóloga y tampoco se me ocurría de que podía tratarse el tratamiento. Justo me acorde que siempre que buscaba en internet algo sobre el vaginismo, había una nota de una chica a la cual le pasaba lo mismo y había realizado un tratamiento con Viviana Tobi.
Así que le mande un mail a Viviana y le pregunte si podía atenderme.  Me paso su teléfono y coordinamos una fecha...HABIA DADO EL PRIMER PASO, no lo podía creer.
Antes de ir a la primera sesión, dude un millón de veces, pero les digo la verdad no fue así de terrible como pensaba, ni la primera sesión ni las que siguieron.
Obvio, no todo es color de rosa... tuve sesiones que avanzaba muchísimo y otras que me iba muy decepcionada de mi misma, que sentía que no iba a poder, pero ahí estaba Viviana para decirme las palabras justas y ayudarme a lograrlo.   
Y sí, un día llega ese momento tan esperado... al fin pude con mi novio tener relaciones con penetración.
Viviana gracias por ayudarme a ver que sí se podía, por tus palabras de aliento en cada sesión y enseñarme cada ejercicio con una paciencia infinita.
Secretito: ¡ES FUNDAMENTAL PERO FUNDAMENTAL hacer los ejercicios en casa... éxitos que se puede!

Testimonio Nº 19


Buenas tardes/noches
Voy a darles algunos consejos que a mí nunca nadie me dio. Primero contare brevemente mi historia:
Mi nombre es Juan, tengo 20 años y soy de zona sur. Estoy de novio hace un año y un par de meses. La cuestión es que durante meses intentamos hacerlo, ella es virgen y yo no, pero no podíamos. Igualmente lo seguíamos intentando, pero seguía pasando lo mismo. Decidí buscar info sobre el tema en internet, pero la verdad no sentí que algo pudiera ayudar.
Si tu situación es parecida a la mía, paso a darte estos consejos:
-La paciencia: tenes tiempo, así que tranquilo y nunca te muestres de mala gana o frustrado, se pone tensa la situación y pierde la parte linda.
-El optimismo: si se hacen la psicológica de que todo está bien y pueden lograrlo. con confianza ayuda muchísimo.
-Juego previo, pensaran “eso lo vi en internet”, bueno la previa depende de cada pareja, pero para mi la PRINCIPAL PREVIA es jugando con los dedos o algún dilatador.
-Masajes con lubricante a base de agua, recomiendo en la zona vaginal para que ella pueda relajarse.
-Dedos: Importantísimo la dilatación de la vagina con la ayuda de los dedos del hombre o de la mujer y mucha vaselina a base de agua. Esto lo pueden hacer por 15 o 20 minutos antes de intentar concretar, intentan y si no sale, prueben nuevamente con los dedos.
Tengan en cuenta esto que si están cansados paren, no pasa nada si intentan otro día.
Importante para vos novio... seguí los tiempos de la novia, acordate que ella hace el 80% del trabajo.
Muchas veces creemos que podemos solos, pero no está demás consultar con un profesional. Si bien mi rol en el tratamiento fue más de compañero, pude ver como mi novia iba avanzando con los ejercicios que le daba Viviana.
Resumiendo: Paciencia, masajes, prueben (si no sale no pierden nada) y sobre todo muchísimo amor.

Eso fue todo, saludos.  

Testimonio Nº 20
     HOLA, VOY A CONTAR UN POCO MI EXPERIENCIA. ACTUALMENTE TENGO 38 AÑOS, VIVO EN UN PUEBLO EN EL SUR DE LA ARGENTINA.  FUI EDUCADA DE MANERA MUY ESTRUCTURADA POR MIS PADRES. NUNCA SE HABLÓ DE SEXUALIDAD EN MI CASA. RECUERDO QUE CUANDO SALIERON LOS “TAMPONES” MI MAMÁ ME DIJO – “NI SE TE OCURRA COLOCARTE ESO PORQUE TE PUEDE LASTIMAR”.
  CUANDO FUI DE VIAJE DE ESTUDIOS  A LOS 17 AÑOS LAS CHICAS SE COLOCABAN LOS TAMPONES PARA ENTRAR A LA PILETA.  YO LOS COMPRÉ FUI AL BAÑO E INTENTE COLOCARMELO, SENTÍ UN DOLOR TERRIBLE, RECORDÉ LO QUE DIJO MI MADRE QUE ME PODÍA LASTIMAR.
   A LOS 20 AÑOS CONOCÍ UN MUCHACHO, LUEGO DE VARIOS MESES DE NOVIAZGO INTENTE TENER RELACIONES Y FUE IMPOSIBLE, NO HUBO MANERA QUE INGRESE EL PENE EN LA VAGINA, SENTÍA QUE TENÍA UNA PARED. FUE MUY TRAUMANTE.
  EN LOS AÑOS SIGUIENTES  CONOCÍ OTROS HOMBRES, PERO CON NINGUNO ME ANIMABA A TENER SEXO. HASTA  QUE CUMPLÍ 34 AÑOS Y VOLVÍ A INTENTARLO Y PASO LO MISMO , ME DOLIÓ BASTANTE, Y TAMPOCO HUBO PENETRACIÓN.  FUE MUY FRUSTRANTE!! MI NOVIO NO LO ENTENDIÓ Y NOS PELEAMOS. RECUERDO QUE ME SENTÍA MUY MAL, 34 AÑOS Y TODAVÍA VIRGEN!
  DECIDÍ IR A UNA GENICOLOGA  Y  QUIEN AL REVISARME ME DIJO QUE TENÍA VAGINISMO.
 BUSQUÉ INFORMACIÓN POR INTERNET Y  ENCONTRÉ UNA NOTA DE LA ESPECIALISTA VIVIANA TOBI,  ME PUSO FELIZ!!. TUVE LA OPORTUNIDAD DE VIAJAR A BUENOS AIRES, ALLÍ BUSQUE LA DIRECCIÓN DEL CONSULTORIO CONSEGUÍ TURNO Y COMENCÉ EL TRATAMIENTO .
      AHORA PUEDO UTILIZAR TAMPONES (Y DE TODOS LOS TAMAÑOS) QUE TANTO ME HACE FALTA, DEBIDO A QUE MI SANGRADO ES BASTANTE, Y PREVIENE QUE ME MANCHE  LA ROPA.  ANTES NUNCA ME LO HUBIERA IMAGINADO.
     CONOCÍ UN HOMBRE Y PUDE TENER RELACIONES SEXUALES,  IGUALMENTE ÉL PUDO INTRODUCIR LOS DEDOS, NO TUVE DOLOR Y PUDE DISFRUTAR DEL SEXO CON PENETRACIÓN. 
   AHORA SÉ QUE NUNCA ES TARDE,  TODO TIENE SOLUCIÓN.


Grupo de Mujeres en tratamiento por Vaginismo de Junio 2017.
Devolución acerca de lo que les aportó la experiencia del taller grupal.

1.  "Te sentís acompañada al ver que no sos la única que está atravesando esto y es interesante que cada una pueda contar su experiencia y cómo lo va transitando. También me sentí muy en confianza hablando de esto, lo cual para mi es muy importante en este tema."

2. "El encuentro me ayudó a pensar mejor algunas cosas sobre cómo relacionarme con los hombres. En particular, me gustó poder pensar que eso de que tener este problema no es un impedimento para conocer a una persona. Por otro lado me aportó más conocimiento "técnico". También que hay que ir despacio y siempre pensar en el propio placer y no tanto en el del otro."

3. "Motivación, experiencias, una forma de compañerismo. Es grato dar testimonio para las demás y sirve para una misma también."

4. "Sentir que no estoy sola en este proceso, escuchar situaciones, momentos, historias, muy similares a mis experiencias vividas. Entusiasmada de arrancar el tratamiento. Poder reirme es un gran paso."


Ideas que se compartieron

"...Descubrí hace dos años aproximadamente, después de ir a consulta ginecológica con una médica que conocía sobre vaginismo, que yo tenía ese problema. Conocí un poco más sobre el tema leyendo un testimonio leído en "Entre Mujeres" que me sirvió para poder estar un poco más identificada. Además así conocí a Viviana."

"... En este tratamiento, como en todo en general, hay días en donde me siento más animada y digo "voy a poder" y otros en donde pienso que no voy a poder nunca, pero bueno, creo y espero que esto va a ser cuestión de tiempo y de ir superándose todos los días un poco más. Porque si miro un par de años atrás, hoy estoy logrando cosas que me parecían muy lejanas e imposibles. Creo que como a todos, o al menos en mi caso, mi cabeza es la que maneja mis cosas y hace que muchas veces no avance."

"... Al principio minimicé el problema, hacía como que no le daba importancia a esto que me estaba pasando, seguía como si no pasaba nada. Hasta que me puse de novia y empezaron a pasar los años y mi problema seguía y él también me preguntaba, nunca con presiones, pero sí había reclamos. Hasta que decidí buscar información de qué era esto que tenía y llegué a Vivi. Y así tomé la decisión de arrancar. Me costó mucho tomar la decisión y también me costó arrancar con los ejercicios, ya que era todo nuevo: sensaciones, emociones. Cuando me dio la primer vela pensé que nunca iba a poder, (lo mío no es solo cuestión del vaginismo, si no también de la cabeza, y además confío poco en mi misma). Pero finalmente luego de varios intentos y decepciones pude lograrlo. Después de esa primera inserción intenté practicar en mi casa y no hubo forma. No pude. Luego seguí trabajando con Vivi y de a poco me fui relajando un poco más. Mi mayor dificultad es relajarme, estoy muy tensa, toda contracturada y eso no ayuda a que pueda avanzar.
Pero hoy puedo decir que estoy en el tamaño 2 y con ayuda de Vivi y práctica lo estoy logrando de a poco y sé que es cuestión de relajarse y pensar (al menos a mí) que va a haber un antes y un después en mi vida una vez que pueda superar esto, ya que me parece algo muy importante." 

    


 
   

   





1 comentario:

  1. I was married to my husband for 5 years we lived happily together for these years and not until my husband traveled to Australia for a business trip where she met this girl and since then she hates me and the kids and the love She alone So when my husband returned from the trip he said he did not want to see me and my kids again so he took us outside the house and now he was going to Australia to see that other woman. So I and my children were now so frustrated and I was just staying with my mother and I was not treating well because my mother married another man after my father death so the man I married was not and my kids were so confused and I was looking for a way to get my husband back home because I love him and I appreciate him so much, so one day while I was surfing on my computer I saw a testimony about this DR EDDY the spellcaster testimonies Shared on the internet by a lady LINDA and I am so impressed that I also think of giving it a try. At first I was afraid but when I think of what I and my children are going through so I contacted him and he told me to stay calm for only 24 hours that my husband will come back to me and to my best surprise I have Received a call From my husband on the second day asking after the children and I called DR EDDY and thank him for sovling my problems, So this how I get my family back after a long brake stress up by an evil lady so with all this help from Dr EDDY, I want all of you in this forum to join me to say a huge thank you to DR EDDY and I will also advice for anyone in such or similar problems or any kind of problems should also contact him his email is (dreddyspiritualtemple@gmail.com) he is the solution to all the problems and predicaments in the lifetime. Again his email address is (dreddyspiritualtemple@gmail.com )
    SPECIALIZED IN THE FOLLOWING SPACE.
    (1) If you want your ex back.
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    (15) Stop your marriage or relationship from breaking apart.
    (16) if you have any illnesses like (H I V), (CANCER) or any disease.
    (17) if you need prayers for the release of your child or yourself.
    Again be sure to get in touch with him if you have any problems that will help you. Your email address is (dreddyspiritualtemple@gmail.com) contact him immediately ... or call or whatsapp him number +2348160830324 MY NAME ARE:Araceli la

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